Garabatos de un caminante

Garabatos de un caminante
Apizaco, Tlaxacala, México

domingo, 6 de septiembre de 2026

LA HIJA DEL MAR REINÓ DE MÉXICO A PERÚ

El pasado 7 de agosto México y Perú renovaron sus relaciones diplomáticas tras nueve meses de suspensión por un detonante político ocurrido el 3 de noviembre del 2025.

Mientras tanto las relaciones entre Ecuador y México siguen rotas desde el 5 de abril del 2024 tras la irrupción de la policía ecuatoriana a la embajada de México en Quito.

Estos lamentables hechos nos obligan a recordar que las relaciones entre estos países no son de ayer, ni de hace dos cientos o 500 años.

El contacto entre norte, centro y Sudamérica se remonta al año 1200 antes de Cristo (a. C.) cuando navegantes de la cultura Manta,  Ecuador, transportaban la concha espondilos, por el norte, hasta el actual México y por el sur hasta el Perú.

De acuerdo a las investigaciones realizadas por el Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos (CEMCA). La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto de Investigaciones Estéticas también de la UNAM, publicadas en el 2016 con el nombre: "La ruta de perros pelones, buzos y la concha spondylus". (Biblioteca virtual Scielo)

Así también lo revelan estudios del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) publicados el 10 de abril del 2025 en la revista Arqueología número 66 por: Adrián Velásquez Castro, Norma Valentín Maldonado y Estela Martínez Mora.

Los estudios afirman que los navegantes manteños, del golfo de Guayaquil, unieron a través del Océano Pacífico a lo que hoy conocemos como México, Ecuador y Perú.

Los manteños eran grandes navegantes que utilizaban embarcaciones de 20 a 30 metros de eslora (largo) por 4 ó 7 metros de manga (ancho) capaces de transportar a 20 ó 30 tripulantes y una carga de cien toneladas.

Las embarcaciones utilizaban grandes velas de algodón y un sistema de guaras o tablas de madera que funcionaban como un timón, para controlar el rumbo con la marea a favor o contra el viento.

Los manteños también eran expertos buceadores.  Se sumergían 30 metros para extraer la ostra espinosa de las aguas ecuatorianas y de Cabo Blanco, al norte del Perú.

La concha spondylus se caracteriza por crecer en las aguas cálidas del Océano Pacífico que van desde Baja California (México) hasta Cabo Blanco.

Abajo de Cabo Blanco está la helada corriente de Humboldt que recorre toda la árida costa peruana desde el desierto de Atacama, Chile.

Pero la variedad concha spondylus prínceps o crassisquama de color rojo coral tenía un altísimo valor sagrado porque se creía que eran las lágrimas de la diosa Umiña.  

Y para las culturas antiguas del norte, centro y del sur de América era el alimento de los dioses.

Las culturas precolombinas decían que la spondylus crassisquama anunciaba: la lluvia, el agua, la fertilidad agrícola y las divinidades marinas. 

Así, que, para los señores de Teotihuacán, Tula, Oaxaca, Chiapas, Tarascos o Purépechas; y,  luego para el Huey Tlatoani la valva tenía un valor sumamente religioso y eso valía más que el oro.

Al igual los señores del sur: Chavín, Moche, Nazca, Wari, Lambayeque o Sicán, Chimú y luego durante el Tahuantinsuyo, el Sapa Inca usó este bivalvo en sus ritos sagrados y en sus entierros. 

En el Perú le llamaban "Mullu" y en México se conocía como "Tapachtli" o "Teochipolli" y tanto en quechua como en náhuatl significaba: "concha sagrada". 

En el Tahuantinsuyo también le decían: "La Hija del Mar".

La hija del mar sureña, también, era muy codiciada por sus características físicas y porque anunciaba la llegada del terrorífico fenómeno del niño.

La  valva de Baja California, spondylus calcifer o limbatus o almeja burra no tenía el "poder" de la pequeña concha espinosa. 

Tal vez, ésto era así porque el carapacho es el más grande y más pesado de América.

Por lo general mide de 15 a 30 centímetros y pesa un kilo 300 gramos o más y sus espinas son pequeñas, no son muy pronunciadas.

Por fuera su color es rojo ladrillo intenso y otras van del  púrpura al naranja.

Por dentro es blanco porcelana con una banda marginal morada intensa y manchas café en las bisagras.

También formaba parte de la alimentación prehispánica y se podía pescar desde los 5 hasta los 15 metros de profundidad.

Mientras tanto, la concha spondylus prínceps o crassisquama se caracteriza por ser más pequeña, con abundantes espinas  muy pronunciadas como un erizo marino.

Es más pequeña y menos pesada. Mide un máximo de13 centímetros,  pesa de 180 a 500 gramos; su color va del crema, al  naranja rojizo y rojo coral. 

Por dentro es morado intenso y los buzos manteños tenían que bucear hasta 30 metros de profundidad para poder arrancarlas de las rocas marinas. Por esta razón los cráneos de estos "tritones" tenían los huesos del oído deformados.

Otra característica es que sólo la élite gobernante y los sacerdotes podían consumir el alimento de la hija del mar y sólo ellos podían utilizar su concha y las largas espinas para fabricar chaquiras, joyas de alta jerarquía y ofrendas para sus reyes y dioses.

Esta pequeña concha era tan valorada que la utilizaban como moneda de cambio. 

Cuentan los cronistas que en el Perú daban dos llamas por una pequeña valva.

Otros dicen que, en Oaxaca, los manta cambiaban un spondylus "enano" por 10 hachas de cobre y, en Nayarit, con un kilo de carapacho chiquillo y espinoso podían comprar una esposa, una balsa o un campo.

Sin embargo, aún así,  su máximo valor no estaba en el ejercicio del trueque; sino, en su naturaleza divina y religiosa.

La Hija del Mar anunciaba el espantoso y terrible fenómeno del niño. Fenómeno que como el diluvio universal desaparecía pueblos enteros.

(Aquí quiero hacer un paréntesis. 

En septiembre de 1982 sentí como el agua fría de la costa de Lambayeque comenzó a calentarse. 

Cuando íbamos a Pimentel, balneario de Chiclayo, el agua estaba caliente como la de Acapulco. 

Eso era un hecho rarísimo para todos  los que habíamos crecido disfrutando del frío mar de la costa peruana, rico en vida marina. 

Tenía 21 años y nunca habíamos visto un rayo, un relámpago y nunca habíamos escuchado un trueno y menos hablar del fenómeno del niño hasta que en enero de 1983 el cielo se desbordó sobre el norte del Perú. 

Piura quedó incomunicada durante tres meses.

En abril de ese año tuvimos que chatear un avión para regresar a estudiar a la Universidad de Piura desde la ciudad de Chiclayo.

La universidad edificada en medio del desierto piurano, entre dunas, chivos, algarrobos y el caliente sol piurano, ahora estaba rodeada de una laguna, en medio de una selva verde con insectos que quemaban nuestra piel como si nos dieran latigazos. Y ni hablar de las plagas de zancudos y sanguijuelas.

La señora de la pensión no quería efectivo, tuvimos que llevar víveres: papel higiénico, toallas sanitarias, medicamentos, etc.; para cubrir nuestros gastos. Regresamos al trueque como en la era prehispánica.

Urbanizaciones como el Chilcal, en Piura, desaparecieron bajo el agua. 

El agua se tragó literalmente residencias de 3 y 4 pisos levantadas lujosamente en una hondonada.

La gente de los pueblos jóvenes, como Santa Rosa, perdieron sus hogares y otros salían de sus casas remando en botes y llantas de tractor.

El 1998 se repitió este mega niño y en esta ocasión la casa de mi papá en Chiclayo ya no aguantó más. Se cayó el techo de quincha, mi padre y mi hermana se salvaron de morir aplastados.

Gracias a la consistencia del antiguo adobe, la casa no se desplomó por completo, el centro de Chiclayo sobrevivió una vez más  y las huacas de Lambayeque aún siguen de pie.

Ahora creo que se entiende mejor el valor religioso de la Spondylus prínceps, porque el fenómeno del niño es la ira de los dioses.

Es el llanto de rabia de la diosa Umiña de los Manta.

Llueve día y noche durante seis meses seguidos y el desierto se cubre de agua y vegetación abundante como en la selva.

Desde el aire las extensas arenas se ven como el uniforme de un comando salpicado de parches de agua marrón por acá y manchas verdes por allá. 

El océano se enferma. 

Como se enfermó el mar de Pimentel de junio de 1982 a junio de 1983. 

Yo fui testigo de esa terrible tragedia que dejó 512 muertos, millares de damnificados y ciudades, pueblos y rancherías incomunicadas.

Durante un año, el mar pasó de los 16 a los 29 grados centígrados asesinando toda vida marina.

El Niño enferma gravemente al mar, le cambia su color natural, lo vuelve marrón, sin vida, sin oxígeno, sin nutrientes. Se queda solo como una sopa caliente pasada que no se puede comer.

La corriente de Humboldt huye 500 kilómetros hacia adentro. Se va la pesca, el mar se queda pobre, vacío, pelado, sin vida. Sólo está caliente y en silencio como una enorme playa muerta.

El niño, en 1983, arrasó con todo soltando 2500 milímetros (mm) de agua en una zona donde normalmente llueve 50 mm al año. 

Llueve tanto que el agua salada del mar se vuelve dulce y los dioses del marinos  comienzan a sangrar. 

La concha spondylus no soporta el agua dulce, ni el agua tan caliente. Se estresa, se desprende de las rocas y sale a flote pintando de rojo el litoral, como si Umiña se desangrara mortalmente.

El año 1982 los pescadores de Paita y Pimentel, en el norte del Perú, asustados y hambrientos cogían con sus manos estas valvas espinosas sin necesidad de bucear.

Pero, no supieron interpretar el mensaje de la Hija del Mar quien a gritos pregonaba la furia de los dioses, tal como ocurrió hace 2000 mil años cuando comenzó a llover en el desierto y comenzó la mortal sequía en los bosques.

El Niño una vez más transformó la tierra.

Una vez más en el norte del Perú el cielo se desplomó a cantaros, mientras que en México no caía ni una gota de agua matando a la tierra de sed.

Lo bueno que, en 1983, los avances de la ciencia y la tecnología evitaron lo que pasó en Perú y México hace dos mil años.

Hace dos mil años en Perú la cultura Pucará colapso  dando paso a los Tiahuanaco en el lago Titicaca. Los Chavín dejaron sus tierras porque con tanta lluvia perdieron sus cultivos y su comida se pudrió. La cultura Paracas, de los mantos y las trepanaciones, por la sequía desapareció. Surgen los Nazca famosos por sus líneas para pedirle agua a sus dioses. Los Vicus huyen a las partes altas de Piura. Los Moche sufrieron 30 años de lluvia y 30 años de sequía hasta que desaparecieron.

Hace dos mil años el Niño azotó a México con una espeluznante sequía.

La cultura Cuicuilco desapareció por la falta de agua que duró 15 años. Luego vino la explosión del volcán Xitle. Esto dio paso a Teotihuacán. 

En Guatemala El Niño golpea a los Mayas y el Mirador colapsa. Sin maíz y sin alimentos fueron en busca de nuevas tierras.

La Hija del Mar alerta la visita indeseable del Niño. El niño que hace sangrar a los dioses y entonces es el momento de guardar pan para mayo, como dice el refrán. 

Es el momento de guardar maíz para aguantar la sequía en en el norte.

Y, para aguantar las lluvias torrenciales, en el sur, guardaban papa seca, chuño (papa deshidratada) y charqui (carne seca de llama o alpaca).

Los manteños conocían bien al Niño y sus desbastadoras consecuencias.

Conocían bien la leyenda de la Hija del Mar y sus maravillosas predicciones, su excelso valor religioso y como moneda de intercambio comercial.  

Conocían bien la construcción de grandes embarcaciones, las técnicas de navegación y la técnicas de buceo para llegar hasta los 30 metros de profundidad a puro pulmón.

Los mantas no improvisaron nada,  no hicieron nada por casualidad y mil años antes de la llegada de Cristóbal Colón, con conocimiento de causa, alevosía y ventaja (como dicen los abogados) crearon la primera ruta comercial marítima del continente americano.

Si en oriente, los chinos, crearon la ruta de la seda por el mar el año 600 d.C.; en América los manteños crearon la Ruta del Mullu o, con más poesía, La Ruta de la Hija del Mar 1200 años antes de Cristo.

Los manteños desde esa época habían creado una autopista marítima regular con horario, con puertos, con impuestos que funcionó hasta el año 1500 después de Cristo.

Mientras en los andes se usaba el Qhapaq Ñan, más conocido hasta la actualidad como los Caminos del Inca; los manteños usaron los Caminos del Mar.

Su base principal era Manta o Jocay en el Golfo de Guayaquil, Ecuador.

De allí hicieron su primera vía marítima hacia el sur por toda la costa ecuatoriana rumbo al Perú y el norte de Chile.

Zarpaban de Jocay hacia Salango, en la Costa de Manabí y aquí fue donde el año 1526, Bartolomé de las Casas los conoció por primera vez y difundió la noticia hasta la misma España. 

En Isla Plata hacían una parada para visitar el santuario de la diosa Umiña. Una enorme esmeralda tallada en forma de cabeza humana y tenía el tamaño de la cabeza de un niño de 7 años. Era la diosa de la salud, la fertilidad y de los manteños. A ella la alimentaban con el polvo de la concha spondylus. Los españoles nunca encontraron esta piedra preciosa y, hasta la fecha, los cazadores de tesoros corren tras ella.

Luego de orar ante la sagrada esmeralda, seguían hacia Santa Elena, en Huancavilca, los manteños del sur.

Con viento a favor llegaban a la isla de Puna. Allí los punaes cobraban peaje para salir del Guayas y  seguir navegando hacia el Perú.

Los punaes no eran comerciantes, eran los piratas del golfo de Guayaquil, guerreros preparados para el combate naval, no usaban flechas, utilizaban piedras para hundir las balsas, peleaban cuerpo a cuerpo y se comían a sus víctimas. 

Daban miedo, su dentadura estaba limada como espinas, sus cabezas eran puntiagudas y su piel morena como enormes peces. Eran como tiburones, afirmaban los cronistas españoles Juan de Sámano, Francisco de Jérez, y Cieza de León que llegaron con Francisco Pizarro, el conquistador del Perú.

Los manteños luego de pagar tributos con esmeraldas, spondylus rojo y mantas de algodón seguían hacia Tumbes, en el Perú.

En Tumbes cambiaban de tripulación. Allí, según el cronista Sámano, los manteños tenían residentes, casas y un cacique que estaba a la orden del Señor Principal de la embarcación, o para que se entienda mejor el capitán y dueño de la nave y la mercancía. 

En tierra se quedaban los más cansados y la travesía continuaba. El Señor principal iba sentado bajo un toldo, no remaba y era un noble de Jocay o Manta.

Su hombre de confianza, era un experto navegante, un piloto que sabía leer las corrientes, las estrellas, el color del agua y manejaba las guaras, tablas gigantes metía en los costados del barco para dirigir la nave a su destino, sin brújula.

Los calafanes no eran esclavos, eran tripulantes especializados en remar con enormes canaletes, en subir y bajar las velas de algodón, sacar el agua que entraba y eran expertos en pelear con macanas, hondas, lanzas, jabalinas y hachas de piedra y cobre.

También viajaban niños de 12 y 13 años como aprendices, eran hijos de los tripulantes y  empezaban sacando agua y amarrando cuerdas, a cocinar y a servir a la diosa Umiña que iba en el centro de la embarcación.

Con otras palabras se puede decir que los manteños crearon la primera empresa familiar y la primera marina mercante de América.

Aquí tenemos que puntualizar que el barco era de un noble, pero no del gobernante manteño; es decir, no era del estado. Era de la familia del noble. La madera, la vela, las guaras todo se heredaba de padre a hijo.

Los puestos de la tripulación también eran hereditarios, todo era un negocio familiar desde el mercader hasta el cocinero.

El señor principal no pagaba un sueldo, las ganancias se repartían entre él y la tripulación.

Los cronistas españoles no sabían como explicar este negocio y sólo decían: "la balsa es de este señor y sus familiares".

Así pasó cuando en 1528, Francisco Pizarro, capturó un barco manteño con 40 libras de oro y 200 kilos de spondylus rojo.

Bien, de Tumbes seguían hasta Sechura, Paita y Bayovar, en Piura, donde hacían una escala técnica por agua, fruta y comida fresca.

Al pasar Piura llegaban a los costas de Lambayeque donde descargaban la concha spondylus para los señores Muchik. (Leer la historia de las huacas de Túcume, Batán Grande y el Señor de Sipán)

De Lambayeque seguían hasta Pacasmayo, La Libertad, donde su mayor cliente era el Señor de Chan Chan, de la cultura Chimú. En ese sitio arqueológico se ha encontrado spondylus de Nayarit y Ecuador.

Como incansables marinos mercantes, de La Libertad, continuaban hasta Ica a dos mil kilómetros del sur de Manta donde negociaban con las culturas Chincha, Paracas y Pisco. Al desaparecer Paracas continuaron tratando con los nazcas.

Después de navegar 2 ó 3 meses intercambiando spondylus y esmeraldas, regresaban al Ecuador cargados de: cobre arsenicado, bronce, oro, plata, algodón nativo de colores, textiles de lana de vicuña y alpaca, pescado seco y salado, anchoveta, sal, ají, papa seca, chuño, charqui, chicha en polvo, guano de las islas de Chincha y hachas de cobre arsenicado que las convertían en moneda de intercambio.

Aunque no llegaron directamente a Chile, la concha spondylus seguía el viaje por tierra gracias a los comerciantes prehispánicos de Chincha, que se habían asociado con los manteños.

El retorno a Manta tardaba 4 a 6 meses dependiendo de las condiciones climáticas y porque regresaban remando y no con las corrientes marinas que les eran favorables de norte a sur. Ir de Norte a Sur era como descender por un tobogán.

Al aumentar la demanda de la concha spondylus en los reinos del Perú, los manteños buscaron una nueva ruta marítima para satisfacer los pedidos de sus viejos clientes.

Fue entonces que miraron hacia el norte y abrieron una nueva ruta para buscar a La hija del Mar.

Con sus grandes barcos, precisos conocimientos de navegación y cargados de spondylus, esmeraldas y productos peruanos zarparon hacia el norte.

Salían en diciembre cuando entra el viento del norte y la corriente del Niño los empuja hacia arriba.

Desde Manta iban a Esmeraldas, al norte de Quito, para proveerse de agua dulce y despedirse del último puerto ecuatoriano.

De allí llegaban a Tumaco, Colombia donde intercambiaban cobre por esmeraldas.

Más al norte llegaban a San Buenaventura y de allí se alejaban de la costa hasta llegar al Golfo de Panamá.

Seguros de sí mismos de arribaban a Nicoya, Costa Rica, donde cómo dicen hoy en el fútbol hacían una pausa de hidratación y descargaban cobre para los orfebres locales y nicaragüenses.

Los joyeros ticos y nicas a cambio entregaban cerámica policromada, jade, objetos de piedra verde, textiles de algodón, plumas exóticas y cacao que servían de moneda de cambio

Luego del intercambio comercial pasaban hasta el Salvador donde se subían a la contracorriente ecuatorial que los conducía directamente a México.

Eso sí primero visitaban Guatemala y Chiapas donde intercambiaban la spondylus por jade y serpentinas, obsidiana, plumas preciosas de quetzal y guacamayas, cacao y textiles finos para las élites gobernantes.

Con su nueva mercancía seguían rumbo a Huatulco donde empezaba el reino del spondylus morado.

Inspirados por su espíritu emprendedor llegaban a Acapulco y Zihuatanejo donde intercambiaban las hachas de cobre arsenicado con los Tarasco o Purépechas.

Pero no sólo eso, según la doctora norteamericana, Dorothy Hosler, del Instituto Tecnológico de Massachusetts y especialista en metalurgia prehispánica, los manteños no sólo eran mercantilistas; sino, promotores del conocimiento tecnológico de esa época.

Hosler asegura que los manteños en dos encuentros que tuvieron con los Tarascos o Purépechas les enseñaron el arte de la metalurgia  en especial a combinar cobre con arsénico para hacer armas fuertes en frío. Gracias a sus armas de metal, su organización militar y geografía, los aztecas nunca pudieron conquistar a los Purépechas o Tarascos.

En 1988, la especialista aseguró que la metalurgia se desarrolla en México el año 800 después de Cristo, mientras en los andes centrales del Perú apareció en el 1400 a.C.

De allí, que hoy aún se investiga si los manteños también compartieron información tecnológica con los mixtecos de Oaxaca, que a partir del año 900 d. C. se desarrollaron la falsa filigrana.

Lo cierto es que los navegantes manteños no eran vulgares comerciantes; sino, embajadores y difusores de conocimiento y tecnología, tal como hoy hacen las empresas de países desarrollados con países en vías de desarrollo.

Hosler demuestra su teoría cuando en Colima encontró cobre ecuatoriano fundido con estaño mexicano y  obtuvieron bronce.

Los manteños al llegar a Punta Mita en Nayarit también dejaron maestros del buceo. Estos instructores les enseñaron a sumergirse,  a los nayaritas, hasta 30 metros de profundidad a puro pulmón para arrancar la spondylus de las rocas marinas.

En Punta Mita, el arqueólogo mexicano José Carlos Beltrán Medina, encontró piezas de inmersión de la cultura Manta.

Halló pesos de buceo de piedra y anclas de piedra con las mismas características de los anfibios manteños.

Para los manteños Punta Mita significaba el banco más grande de spondylus prínceps del mundo. 

Sacaban cientos de toneladas que llevaban hasta los reinos del Perú y cuando éstos desaparecieron siguieron trabajando con  el imperio Inca: el Tahuantinsuyo, cuya capital era el Cuzco.

Hoy aún se sigue investigando si los manteños compartieron sus conocimientos náuticos y su experiencia como grandes navegantes con el Sapa Inca Túpac Yupanqui. Según el cronista español Pedro Sarmiento de Gamboa, en el siglo XVI, el hijo de Pachacutec tuvo contacto con los creadores de la Ruta de la Hija del Mar.

Por su parte el historiador peruano, José Antonio del Busto, asegura que Túpac Yupanqui llegó a la polinesia gracias a los conocimientos náuticos de los ecuatorianos.

Mientras esta teoría se estudia y se demuestra, lo que sí está comprobado científicamente hasta la fecha es que los extraordinarios navegantes manteños convirtieron al Océano Pacífico en la autopista de la Hija del Mar.

Los manteños crearon la Ruta de la Hija del Mar miles de años antes que la ruta marítima de la seda china.

La manteños recorrían la Ruta de la Hija del Mar sin brújula, sin esclavos creando la primera empresa familiar de América; creando la primera marina mercante americana; creando un negocio que florecía todo el año, creando la leyenda que la concha spondylus son las lágrimas de diosa Umiña; sembrando las primeras migraciones de América e introduciendo  los primeros intercambios de información tecnológica en el continente.

En conclusión América estaba unida mil años antes de la llegada de Cristóbal Colón. La unió el mar del Pacífico, la artículo la Hija del Mar, la sostuvieron los recursos naturales de las tres américas: América del Norte, América Central y América del Sur. La hizo posible la tecnología de la balsa y la guara, y la ejecutó la valentía de los navegantes manteños, los mayores marinos de la antigüedad. 







   

 

 


 









 














 













miércoles, 2 de septiembre de 2026

HABLAR DEL JUAN AURICH, ES HABLAR DE NUESTRA HISTORIA FAMILIAR

 

Cuando un chiclayano, viejo como yo, habla del Juan Aurich
está hablando de su historia familiar. 
El “Ciclón del Norte” es parte importante de los recuerdos de todos los lambayecanos y en particular de todos los muchachos del barrio que crecimos en la calle Francisco Cabrera, entre Balta y Colón. 
Cada domingo nuestros viejos desde temprano nos preparaban para ir a nuestro querido estadio “Elías Aguirre”.
Nos daban de desayunar y almorzar bien taipá para que a las tres de la tarde inflemos los pulmones y gritemos con alma y corazón: ¡Arriba el Aurich!”. (El “Elías Aguirre” palpitaba de emoción)
Mi viejo me llevaba a sombra, otros iban a ver el partido desde la tribuna de sol y todos estábamos unidos en una sola voz, en un solo bobo escarlata, exclamando al ritmo de matracas, bombos, tambores y trompetas: ¡Aurich!....¡Aurich!...
Mientras la gente del campo saboreando tortitas de choclo con cebiche y su rica chicha jora: decían con cariño: “Hoy tiene que ganar el Juan Auriche”.
Cuando ganaba el Ciclón todo era abrazos y alegría, no sentíamos ni el regreso al barrio, todos felices en sus casas a quitarse los zapatos y recordar con orgullo cada jugada del vencedor carmesí.
Pero cuando perdía las lágrimas nos corrían por la mejillas, mi viejo se enojaba y cada a paso de regreso a casa pesaba en el alma, en las piernas y en los pies. 
En casa encima mi viejita linda reñía a mi papá diciéndole que primero fuéramos a misa y luego a ver el fútbol.
Era cuando mi viejo, católico a su manera,  salía en busca de su viejo amigo Dante Guevara Miranda el ex arquero del Aurich en los años 1950.
El flaco Guevara como le decía mi papá era su entrañable pata. Llegaba a la casa para hablar de fútbol. Entre chela y chela se acordaban de la tragedia de 1953 cuando el ómnibus del Aurich fue embestido por el tren de Áscope y murieron 22 personas entre ellas 8 jugadores.
Yo los escuchaba con atención y tras un breve silencio hablaban del flaco Mendoza, de Merino, Eladio Reyes, Charún, Lobatón, etc. y de la tristeza pasaban a la alegría como un par de chibolos platicando de sus héroes y los jóvenes de la película.
El año 2003 cuando volé de México a Perú a visitar a mi viejo en su casa de Francisco Cabrera 531 todavía disfruté de la alegría del flaco Guevara. Ya mi papá y su amigo eran septuagenarios, pero seguían llorando y riendo recordando al Juan Aurich.
Al que ya no volví a ver nunca más desde que me fui a estudiar a Piura fue al gordo Escobar a quien mi papá le llamaba el “chileno”.
El gordo Escobar era el masajista del Aurich. Un gran ser humano y gran amigo de viejo.
Era su pata carreta porque  en 1967 cuando me caí de la bicicleta, en el parque principal de Chiclayo, manejando mi bicicleta  y me luxé el brazo derecho; el gordo Escobar dejó todo lo que estaba haciendo y llegó a mi casa; calentó agua, le hecho sal y vinagre de vino tinto, me curó el brazo y me lo vendó.
Mi viejo, entonces, me dijo: “el chileno  es el mejor masajista del fútbol peruano con sus manos benditas ha curado a Eladio Reyes, al flaco Mendoza y a todos los del Aurich, vas a ver que en unos días vas a estar peloteando otra vez”.
Y así fue. 
Por eso digo que recordar ahora al Juan Aurich, sentando aquí en la distancia, sentado en tierras mexicanas, es recordar parte de mi historia familiar.
Aquí le pongo punto final porque ya estoy cayendo en la trampa de la nostalgia y no quiero llorar.
¡Arriba el Aurich!



   El flaco Guevara con su clásico uniforme negro de arquero.



domingo, 30 de agosto de 2026

LA LITERARTURA: UN ESPEJO PARA MIRAR NUESTRA VIDA INTERIOR

Antes de entrar de lleno al tema es necesario recordar los siguientes conceptos básicos: La literatura es el arte de convertir nuestros pensamientos, sentimientos, deseos y emociones en escritura.
El espejo es una herramienta u objeto donde se reflejan las cosas que tiene al frente.
La vida interior, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, es el "conjunto de las reflexiones y
pensamientos de una persona".
Es decir, la vida interior es aquello que sólo se siente en el alma, en el espíritu, en lo más íntimo, recóndito y profundo del ser humano. Es por tanto aquello que sólo nosotros sentimos y conocemos e influye directamente en nuestra toma de decisiones, en el ejercicio de nuestra libertad.
Nuestra vida interior es tan nuestra, tan profunda que ni el mismo diablo puede conocer qué pensamos, como dice Santo Tomás de Aquino en su libro la Suma Teológica.

LA LITERATURA NO ES ABSTRACTA, ES PRACTICA Y ÚTIL

Desde hace tiempo cuando platico con algún amigo, con mis hijos, algún familiar o cuando doy una charla, sostengo que la literatura no es abstracta, vaga, teórica sólo para estudiantes de literatura, intelectuales y académicos; es todo lo contrario, la literatura es practica, es útil porque es un ejercicio que nos permite conectarnos con nosotros mismos y con los demás.
La literatura es extremadamente útil porque nos permite entrar en nuestra vida interior, nos ayuda a ver: ¿Qué somos? ¿Quiénes somos? ¿Qué sentimos? ¿Por qué somos felices? ¿Por qué sufrimos? ¿En qué creemos? ¿Cuáles son nuestras esperanzas? ¿Qué amamos? ¿Cuáles son nuestras prioridades?
Me explico, cuando uno lee un verso, un poema; una fábula, un cuento, una novela; cuando uno ve una obra de teatro, una película, etc. y sentimos que ésto nos conmueve, nos emociona, nos hace pensar, nos hace buscar palabras que no conocíamos; o despierta en nosotros sentimientos que no sabíamos manifestar, o simplemente nos permite ver la vida ya no con los mismos ojos de siempre; sino, desde otra perspectiva; entonces, en ese momento, la literatura deja de ser un cúmulo de palabras, una pila de versos, un bloque de oraciones un conjunto de párrafos y se convierte en una experiencia de vida.
La literatura no nos aleja de nuestra realidad, nos devuelve a ella con una comprensión más profunda, más inteligente de nosotros mismos, de los demás y de nuestro entorno.

VIVIMOS RODEADOS DE INFORMACIÓN; PERO, NO DE                                        COMPRENSIÓN

En la actualidad vivimos rodeados de información que pasa frente a nosotros como un pestañeo; pero, no de formación, mucho menos de comprensión.
Cuando uno lee con profundidad convirtiéndose en un interlocutor con la lectura, abriendo nuestros sentidos externos e internos al mensaje, cuando uno reflexiona y medita lo que está leyendo, entonces la literatura es un espejo que convierte esa información en conocimiento, en sabiduría en experiencia de vida.
¿Por qué?
Porque la lectura nos invita a dialogar con ella, nos invita a platicar con nuestra propia conciencia, con nuestros sentimientos, con nuestras emociones y pensamientos. En ese momento, cuando abrimos nuestra mente y nuestro corazón a la lectura es cuando la información se convierte en formación, porque se hace uno con nuestra conciencia, con nuestra vida interior, con nuestra existencia y esto es lo que nos permite comprender nuestra esencia, comprender a los demás a nuestro entorno. Es decir, nos hace humanos.
La literatura no nos invita a leer por leer, a consumir un montón de libros, a presumir leo 50 libros al año; la literatura no es acumular datos, frases hechas, aprender un verso o un poema de memoria; la literatura nos invita a encarnar lo que leemos, a hacerlo parte de uno mismo a personificar lo que comprendemos. 
La literatura alimenta el alma, ensancha la mente y fortalece la voluntad, tal como lo sugería, en el siglo II de la era cristiana, el poeta romano Juvenal.

                    LA LITERATURA COMO HERRAMIENTA

La literatura nos invita a leer. 
Pero no se trata de leer por leer, hay que disfrutar la lectura, conocer la biografía del autor, sus circunstancias, su entorno, etc. Es decir, la literatura nos invita a leer con el alma, con el corazón, no sólo con los ojos, sino con todos los sentidos. Cuando leemos así, con el alma, el corazón y todos los sentidos atentos al cien por ciento, es cuando la literatura se convierte en una herramienta útil para nuestra vida.
¿Por qué?
Porque no estamos leyendo por leer, por pasar páginas y páginas, para llegar al final de la obra sin entender nada, sin entender las figuras literarias, sin entender el significado de las palabras nuevas; estamos leyendo para dialogar con las páginas, para interactuar con el autor, para ser un interlocutor que está participando activamente en el desarrollo de la lectura.
Cuando participamos de la literatura activamente con nuestra inteligencia y voluntad, con nuestros sentidos internos y externos y nos preguntamos: ¿qué me está contando este escritor?, ¿qué me dice este personaje? ¿Por qué esta historia me gusta? ¿Por qué me incomoda? ¿Qué tiene que ver esto conmigo?
Cuando reflexionamos lo que estamos leyendo es cuando nuestra vida interior se activa, es cuando nuestra vida interior comienza a crecer y nuestra memoria se expande como un músculo con el ejercicio.
En otras palabas la literatura es una herramienta porque es el gimnasio del alma humana. Así como uno busca buena alimentación para nutrir al cuerpo, así como uno hace ejercicios físicos para lograr una mejor calidad de vida; la literatura es útil para:
1)Desarrollar el pensamiento crítico.
2)Enriquece el lenguaje y mejora nuestra forma de comunicarnos.
3)Conserva nuestra memoria y la memoria de los pueblos.
4)Despierta la imaginación y la creatividad.
5)Nos ayuda a comprender el dolor, el amor y los conflictos humanos.
6)Es un medio para hacer catarsis.
7)Es compañía, consuelo y respuestas para quien busca la verdad.

                          NO LLENA EL ESTOMAGO

Ahora dirán de qué sirve todo eso si la literatura no llena el estómago. Sobre todo, en una sociedad como la nuestra que la gente está acostumbrada a buscar el pan de cada día, que no tienen tiempo ni para respirar y va sobreviviendo.
Ahora me preguntaras ¿para qué voy a leer si tengo que trabajar para comer? Claro, obviamente, ésta es una realidad innegable. 
La literatura no llena el estómago como la tortilla, el pan o el arroz; sin embargo, la literatura nutre aquello con lo que tomamos decisiones y ejercemos nuestra libertad.
Cómo ya lo apuntamos antes siguiendo el pensamiento del poeta romano Juvenal, la literatura es el alimento del alma, ensancha la mente y fortalece la voluntad. Y además puedo agregar que la literatura sensibiliza el corazón, aviva nuestra creatividad, motiva nuestra imaginación y hace crecer nuestra memoria. En pocas palabras, la literatura aviva, engrandece, enriquece e ilumina nuestra vida interior. Y es con nuestra vida interior con la cual ejercemos nuestra libertad y tomamos nuestras decisiones que edificarán o destruirán nuestra existencia.
Por tanto, afirmo y sostengo que la literatura no es un lujo.  Porque, así, como el alimento saludable nutre al cuerpo otorgándole mejor calidad de vida; la literatura y en concreto leer es el sustento indispensable para el desarrollo de la conciencia, el pensamiento crítico y la empatía. Es decir, para robustecer nuestra vida interior.
La literatura nutre la vida interior, como la tortilla nutre al cuerpo.
La literatura no es un refugio para escapar de la vida ordinaria; sino, una herramienta para vivirla mejor y con mayor plenitud.

                               ESCRIBIR A MANO

Ahora antes de que se me olvide quiero comentarles que la literatura tiene una herramienta muy importante y ese medio es escribir a mano.
Y no lo digo yo, lo dicen las doctoras Audrey van der Meer, de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Noruega; Catalina Alatorre de la Universidad Nacional Autónoma de México; Pam Mueller de la Universidad de Princeton; el Dr. Daniel M. Oppenheimer, de la Universidad de California de los Ángeles.
Entre otros investigadores de neurociencia y psicología cognitiva.
Los investigadores en sus estudios coinciden que escribir a mano sobre un papel con lápiz o pluma es útil para:
1) Activar la mente y la memoria: Al escribir a mano no se corre tan rápido como en el teclado de una computadora y eso permite que las ideas maduren antes de ser escritas.
2) Fortalece la memoria: Escribir a mano favorece el aprendizaje y los recuerdos, porque el cerebro participa de manera más activa en el proceso creativo.
3) Desarrolla la creatividad: Al escribir a mano el contacto con el papel, el lápiz o la pluma es una invitación a hacer anotaciones y capturar ideas que aparecen como luciérnagas durante el proceso creativo.
4) Mejora la concentración: Al escribir a mano los sentidos internos y externos se enfocan en el papel; nuestros sentidos están apagados para las notificaciones que llegan al celular o a la computadora o tableta y sólo prestan atención al desarrollo de las ideas.
5) Deja una huella personal: Escribir sobre el papel deja una huella personal, revela el ritmo y la emoción, la personalidad del escritor que ninguna fuente digital es capaz de producir.
En resumen, escribir a mano es más que escribir con una mina hecha de grafito mezclada con arcilla y agua; es más que escribir con tinta hecha a base de aceite especial para que no se escurra; escribir a mano es escribir con nuestra alma, con nuestra memoria, con nuestros sentidos, con nuestro corazón. Es plasmar nuestra vida interior. 

LA LITERATURA ES UNA HERRAMIENTA ÚTIL PARA UNA     MEJOR CALIDAD DE VIDA Y LOGRAR UNA VIDA PLENA

No cabe duda de que vivimos en una época en la cual dedicamos mucho tiempo a mirar el mundo exterior; pero, muy poco miramos hacia dentro y luego todos deseamos obtener una mejor calidad de vida y pensamos poco en tener una vida plena.
Muchas personas han logrado alcanzar sus metas económicas satisfaciendo sus necesidades básicas y psicológicas; pero pocos logran satisfacer sus necesidades trascendentes y alcanzar una vida plena con el alma llena y una vida interior satisfecha.
En este punto la literatura es una herramienta para lograr esa riqueza interior que le da sentido a nuestra existencia.
¿Por qué?
Porque la literatura es más que información, es más que un medio de entretenimiento; la literatura es útil para hacer catarsis, para formar el carácter, para formar conciencia, para hacernos más humanos, más empáticos, para ver la vida de una manera horizontal. La literatura alimenta nuestra humanidad.
Por eso, sustento que la literatura no es algo abstracto, sino algo útil como un espejo para meternos con honestidad en nuestra vida interior con el fin de conocernos, de comprendernos, de saber quiénes somos, de ver nuestras luces y sombras, nuestras debilidades y fortalezas, nuestras emociones y ponderar nuestras prioridades para darle un camino más claro a nuestra vida interior.
La literatura es una herramienta, es un espejo cuando a través de las letras, el teatro, el buen cine nos enseña a leer nuestra propia vida, nuestra vida interior. Porque cuando aprendemos a leernos nos comunicamos con nosotros mismos, nos comprometemos con nosotros mismos y trabajamos por nosotros mismos para crecer como ser humano.
Claro, es obvio, que la literatura por sí misma no nos garantiza seguir el camino hacia una buena calidad de vida, a una vida plena. Depende mucho de cómo leemos, de cómo vemos una buena película, porque en esencia una cinta cinematográfica inicia con la idea de un guion plasmado en un papel y escrito por uno o más escritores especializados en el séptimo arte.
Depende de cómo reflexionamos, depende de cómo discernimos en la toma de nuestras decisiones y en el ejercicio de nuestra libertad.
Por eso, la literatura es una de las grandes herramientas para el conocimiento y el desarrollo de nuestra vida interior. Marcel Proust, escritor francés (Siglo XIX-XX) decía: "el escritor no nos impone su mundo, sino que nos ayuda a leer el nuestro". 
En su obra maestra "En busca del tiempo perdido" afirma: "Cada lector es, cuando lee, el propio lector de sí mismo. La obra del escritor no es más que una especie de instrumento óptico que ofrece al lector para permitirle discernir lo que, sin ese libro, no hubiera podido ver en sí mismo".
El escritor peruano Mario Vargas Llosa (1936-2025), Premio Nóbel de Literatura coincide diciendo: "Al leer descubrimos que en nuestra intimidad (miedos, deseos y fantasías) somos iguales a los demás sin importar la época o la cultura".
El crítico y filósofo búlgaro Tzvetan Todorov (1939 -2017) en su libro "La literatura en peligro" dejó escrito que: "la literatura es una herramienta para conocer la vida interior, ya que nos permite asomarnos a los pensamientos, secretos y complejidades de la mente humana de una forma que la ciencia o la psicología no pueden igualar".
La literatura no llena el estómago, nutre el alma ofreciéndonos
preguntas, experiencias y perspectivas que nos ayudan a crecer como seres humanos. 
La literatura no cambia el mundo, no llena el estómago; pero, ayuda a discernir con libertad y responsabilidad. Es decir nos ayuda a vivir en plenitud protagonizando nuestras vidas como héroes o villanos.
Acabo citando al poeta romano Juvenal que en el siglo II después de Cristo decía: "Orandum est ut sit mens sana in corpore sano", que en español quiere decir: "Se debe orar para que se nos conceda una mente sana en un cuerpo sano".






domingo, 23 de agosto de 2026

LOS MIRAGE 5P PERUANOS, QUE FUERON A LAS MALVINAS, DESPEGARON DE CHICLAYO

Cada 2 de abril la Historia Universal nos recuerda la guerra de las Malvinas y cada dos de abril el mundo recuerda que Perú apoyó a los gauchos con cazabombarderos, misiles, armamento, pilotos de combate, técnicos especializados y un respaldo legal encubierto.

A estas alturas ya no es un secreto la participación silenciosa del Perú en ese conflicto armado que duró del 2 de abril de 1982 hasta el 14 de junio del mismo año.

¿Pero no sé por qué hasta hoy no cuentan la historia completa de esa guerra en la cual Chiclayo participó activamente?

Chiclayo no fue un mero espectador. Fue un importante protagonista. Chiclayo arriesgando el pellejo de cada chiclayano: de mis padres, hermanos, de mis amigos del barrio, de la escuela primaria del "pelao" Vigil, del Colegio Nacional "San José"; de la colonia China, de la universidad y de miles de chiclayanos. Así es, Chiclayo dio todo por Argentina.

Si un espía chileno hubiese descubierto lo que se estaba cocinando en Chiclayo, no tengo la menor duda que Margaret Thatcher, la primera ministra de Reino Unido de l977 a 1990, hubiera bombardeado Chiclayo para destruir los Mirage 5P y, luego de hacernos añicos, le declararía la guerra al Perú, que por lo bajo estaba apoyando al gobierno del general argentino Leopoldo Fortunato Galtieri.

Y ésto no lo estoy imaginando como periodista de investigación, ni como guionista de la Novela Policiaca, porque en el diario "La Industria" de Chiclayo (1978) publicaron la captura de Julio Vargas Garayar, suboficial técnico FAP, quien espiaba para el gobierno chileno de Agusto Pinochet. 

Julio Vargas Garayar espía chileno de nacionalidad peruana fue capturado a finales de 1978 tomando fotos en la base aérea de Chiclayo, luego que había hecho lo mismo en la Joya, la base FAP de Arequipa.

Pese a la solicitud de perdón del Papa Juan Pablo II, el gobierno militar de Francisco Morales Bermudes se mantuvo firme. Vargas fue juzgado por traición a la patria y fusilado al amanecer del 20 de enero de 1979.

Los chiclayanos conocíamos bien el caso de este traidor a la patria. Desde niños sabíamos de la importancia militar de nuestra base aérea. Base aérea que conocía muy bien porque cuando éramos chibolos con mi primo Dante íbamos a jugar en el cementerio de los aviones desde donde podíamos observar los cazabombarderos y sus hangares.

Dante y yo tendríamos siete años en esos días cuando salíamos de la casa de mi abuela Zoila, ubicada en la primera cuadra de la avenida 28 de Julio, en el barrio Diego Ferré. Caminábamos por la avenida Bolognesi hasta las instalaciones del Aereopuerto Internacional "José Abelardo Quiñones Gonzales" y de allí hasta el deshuesadero de las naves. Como felinos veíamos a la policía militar patrullar en sus jeeps color azul con sus uniformes del mismo tono y sus cascos blancos. Sin hacer ruido nos ocultábamos en la panza de las enormes máquinas voladoras; jugábamos a la guerrita, a ser pilotos de combate y nos divertíamos muchísimo escondiéndonos de los aguiluchos de seguridad. Nunca nos descubrieron y era una gran aventura que se la contábamos a nuestra abuela pese a que siempre nos reñía cariñosamente. 

El año 1969, después de la muerte de mi abuela, el gobierno militar del golpista Juan Velasco Alvarado reforzó la seguridad de la base aérea. Dante y yo ya no podíamos entrar al panteón aviones viejos.  Ahora sólo veíamos a los jóvenes Mirage surcar nuestro cielo con un tremendo estruendo que a gritos decía: "rompimos la barrera del sonido".

Desde aquellos días de mi infancia (hoy tengo 65 años) todos sabemos la importancia estratégica de Chiclayo y por ende es sensible a la existencia de espías como lo decía mi padre, quien fue infante de Marina dado de baja sin honores por el conflicto del 3 de octubre de 1948 en el Callao cuando marinos y civiles del Partido Aprista Peruano intentaron dar un golpe de estado en contra del presidente José Bustamente y Rivero.

También, quedó demostrado que Chiclayo es un bastión en la defensa del Perú durante las 3 guerras contra el Ecuador: En 1941, 1981 y 1995. En esas fechas los aviones de guerra nacionales despegaron desde la base Aérea Número 6 para combatir al enemigo.

A mí me tocó vivir el Conflicto del Falso Paquisha del 22 de enero al 21 de febrero de 1981.

Eran nuestras vacaciones de verano; pero esta vez no eran como las anteriores, estábamos en guerra y Chiclayo una vez más era protagonista en esta historia. 

Los chiclayanos éramos blanco de un posible ataque aéreo ecuatoriano, así que durante las noches toda la ciudad permanecía a oscuras, sin ruido, en total silencio. Cada hijo e hija de Chiclayo, niño, niña, joven, señorita, hombre, mujer, anciano o anciana se portó a la altura de las circunstancias. Gracias a Dios nunca sonaron las alarmas, nunca nos cayó una bomba, una bala de cañón, ni un disparo de fúsil, ni de pistola. Las Fuerzas Armadas peruanas no dejaron avanzar a los ecuatorianos, la guerra se concentró en la Cordillera del Condor hasta que el enemigo se rindió.

Toda esta historia heroica de Chiclayo la conocía el presidente Fernando Belaúnde Terry cuando tomó la decisión de mandar apoyo militar y logístico a la hermana República de Argentina. 

Belaúnde no actuó improvisadamente, ni emocionalmente. Decidió conociendo el heroísmo de la ciudad de Chiclayo y lo limpio que estaba el Grupo Aéreo No. 6 del espionaje chileno.

A Chiclayo tampoco le temblaron las piernas y sin miedo apoyó con todo a los gauchos. Lo dio todo sin escatimar recursos; pese a la guerra interna que vivía el Perú contra los sanguinarios terroristas de Sendero Luminoso (SL).

El 6 de junio de 1982 de la base aérea número 6 de Chiclayo despegaron 10 bombarderos supersónicos Mirage M 5P rumbo a la Joya, Arequipa. Los cazas volaron sin ser detectados por los radares chilenos. Chile estaba con los británicos y eso en la actualidad todo el mundo lo sabe.

En calidad de apoyo voló, tambien, un avión Hercules con 34 mecánicos y técnicos especializados en aviones de guerra, en misiles Exocet franceses; misiles aire-aire; aire-tierra; bombas de 250 y 500 kilógramos, lanzadoras de cohetes de 68 y 130 milímetros y tanques de combustible. Este avión de ingeniería norteamericana fue piloteado por el mayor FAP Dositeo Aliaga Zegarra. 

Los pilotos peruanos volaron a 33 mil pies de altura, en un vuelo silencioso para no alertar a los chilenos que desde la Guerra del Pacífico (1879) tienen una estrecha relación militar y económica con los ingleses.

Los pilotos eran: Mayor FAP Ramiro Lanao Márquez jefe del escuadrón 612; teniente FAP Pedro Seabra Pinedo, el más joven del grupo con 26 años; teniente FAP Mariano Tueros Mannareli, quien al toque dio un paso al frente para ir a combatir; teniente FAP Rubén Mimbela Velarde conocido como el sapo, apodo que se ganó por los aviones de combate que lucharon en la guerra del Falso Paquisha, eran tan rápidos y veloces que parecían saltar entre árboles y ríos como verdaderos sapos.

Teniente FAP Augusto Mengoni Vicente y los tenientes FAP César Gallo Lale, Milenko Volojdic Vargas, Pedro Ávila Tello, Mario Núñez del Arco, Marco Carranza Correa, Ernesto Lanao y Augusto Barrantes. Todos con experiencia de combate durante la guerra con el Ecuador en 1981, es decir un año antes.

Así como lo leen, los pilotos aprobados por el presidente Fernando Bealúnde Terry eran jóvenes; pero, no novatos. Tenían experiencia en combate durante la guerra del Falso Paquisha y en más de una ocasión despegaron desde Chiclayo para defender la patria.

Ahora con esa experiencia en guerra real, el 6 de junio de 1982 despegaron desde Chiclayo rumbo a Arequipa. En la Joya los pintarían con las matrículas de naves argentinas derribadas, se les pondrían los colores celeste y blanco y de allí hasta Tandil, en el corazón de Buenos Aires. 

Los pilotos y técnicos despegaron con el corazón de un guerrero cargado de armas, personal y tecnología. Despegaron sabiendo que Chile espiaba el cielo y el territorio peruano. Despegaron conociendo el riesgo de que surja otro traidor como Vargas. Despegaron sin miedo a la muerte, con la bendición de cada chiclayano que oró en silencio por su tierra natal y por Argentina. Despegaron eludiendo espías, radares, engañando al enemigo. Despegaron con el orgullo de la heroica ciudad de Chiclayo sobre sus hombros. Despegaron sabiendo que Chiclayo es la cuna del máximo héroe de la Fuerza Aérea Peruana, José Abelardo Quiñones Gonzáles. Despegaron gritando su lema: "Sin raza no hay gloria".

Y así es la vida, sin raza, sin fuerza, sin coraje, sin agallas, sin compromiso, sin determinación, sin huevos no se alcanza la victoria.

Gracias a Dios, a Chiclayo, a sus pilotos y técnicos la operación "Traslado" fue un éxito. Los tigres del aire lograron con creces su misión y no quisieron regresar luego, luego al Grupo Aéreo No 6 de Chiclayo, se quedaron como instructores de sus colegas argentinos.

Los pilotos de los escuadrones 611 y 612 despegaron desde mi tierra natal con experiencia en combate real llevando en el alma el espíritu de la heroica Ciudad de Chiclayo hija ilustre del bravo Naylamp y cuna de José Abelardo Quiñones Gonzales, máximo héroe de la aviación peruana.

Chiclayo una vez más no fue un espectador, fue un protagonista.




sábado, 1 de agosto de 2026

PERÚ ES UN CRISOL...

Hace doscientos años una frase se hizo muy popular: "En el Perú él que no tiene de inga, tiene de mandinga".

Muchos atribuyen este dicho al limeño Ricardo Palma, autor del famoso libro "Tradiciones Peruanas", que recoge una increíble colección de cuentos, leyendas, anécdotas, ironías costumbres, humor y refranes populares desde la época precolombina hasta la vida republicana.

Aunque exactamente no se sabe si fue el mismo Ricardo Palma quien inventó esta famosa ocurrencia, cabe decir que la creatividad peruana sintetizó en exactamente doce palabras y una sola frase la riqueza cultural del Perú: El mestizaje.

Así es, porque en el Perú el mestizaje nace y se funde bajo el sol de la costa, de cumbres nevadas y ríos de oro.

Perú es el crisol de tres mundos en una sola entraña: costa, sierra y montaña.

Perú es el país donde la historia no se cuenta, se ve, se siente; porque el sol quema, la nieve calma y sus ríos nos llenan de gloria y esperanza.

El Perú es el único país en el mundo donde la historia del mestizaje no se cuenta, se ve, se siente, se desayuna, se almuerza y se cena.

El Perú es el país donde en el crisol de una cocina con gusto, con placer, con amor se fusionan la papa, el trigo, la yuca y el arroz.

En el Perú la historia se escribe más allá de los libros, está en una paila, en una olla; en la estufa de una chola, de una blanca, de una negra, de un tusán o de un nisei.

Cuatro mil variedades de papa descienden de los andes, de los abuelos que las cultivaron por años.

El trigo llegó con la conquista que creó el Reino del Perú.

La yuca siempre noble, rica y resistente viene del verde amazonas, sempiterno.

Y el arroz que llegó de lejos cruzando mares y océanos se hizo peruano con zalamera sazón y al ritmo de cucharas, guitarra y cajón.

Por eso hoy digo que el Perú no es sólo historia escrita, es un valsecito añejo, es el llanto de una quena, es la fuerza de una zampoña; una guitarra que llora, un cajón que marca el paso; un pan con chicharrón, un cebiche norteño, una causa limeña, una papa a la huancaína, un ají de gallina, un lomo saltado, un arroz chaufa, un pollo a la brasa, un anticucho al paso.... En el Perú cada comida tiene historia...

Perú es un crisol de culturas de costa, sierra y montaña, de Europa, África y Asia. 

Perú es un crisol de culturas que se funden en un solo corazón, en una sola historia que le da libertad, en una cocina que le da fama internacional.

Perú es un país mestizo y su mestizaje es su mayor tesoro cultural y gastronómico

El mestizaje no nos divide, nos une como en una cocina, como en un crisol donde no falta el arroz, el pan, la papa, la yuca, el sillao, el kión, el aji-no-moto, la cebollita china y le dan vida a un rico lomo saltado.

El mestizaje no nos divide, nos une en un desayuno, en un almuerzo, en una cena, en una fiesta, en una comida, en un solo corazón.

El mestizaje no nos divide, nos une en una singular e inigualable sazón.

El mestizaje no nos divide, nos une en una crónica viva, en un testimonio que día a día se sigue escribiendo y nos grita que compartimos una misma historia, un mismo destino.

La riqueza cultural de nuestro Perú, hoy por hoy, cabalga en la diversidad de sus raíces: papa, trigo, yuca, arroz o por decirlo de una manera más criolla: inga, españinga, mandinga, chininga, japoninga y todas las mingas que vayan naciendo, porque el Perú está vivo, es movimiento, es migración, es mestizaje que se funde en un solo crisol.

Y aquí está el secreto de la cocina peruana, el secreto de los peruanos, el secreto del Perú es su diversidad cultural.

El Perú es un crisol bajo el sol de la costa, el frío de los andes y el calor de la montaña.

Tres regiones, tres climas, tres almas y un sólo crisol.








 






miércoles, 1 de abril de 2026

LA DRA. CARMELA ASPILLAGA DECÍA: "UN PAÍS QUE EDUCA, NO ENGENDRA MASA"

 


Hoy primero de abril del 2026 ha partido al cielo la Dra. Carmela Aspillaga.

Me sentí triste; pero, luego la recordé tal como era ella.

Y me llené de alegría porque sé que se fue al cielo,

Directo a sentir a gozar de la presencia de Dios.

Estoy seguro de que está allá arriba

porque sé que falleció cumpliendo la voluntad de Dios.

Sé que falleció en el buen olor a Cristo.

Sé que falleció bajo la calidad sonrisa de la Virgen María.

Sé que falleció trabajando hasta su último aliento.

Sé que murió como una verdadera sierva de Dios.

Exprimida como un limón.

Como les enseñó a sus hijos

San José María Escrivá de Balaguer,

fundador del Opus Dei.

Por eso hoy no le digo descanse en paz,

sino goce del Cielo mi inolvidable maestra, 

mi maestra de filosofía.






domingo, 1 de febrero de 2026

EN PRIMERA PLANA MIS MEMORIAS: ASI NACIÓ MI PASIÓN POR EL PERIODISMO..


Las últimas marchas en la ciudad de México me hacen recordar al Perú de los años 70 y 80.
Era un niño cuando por primera vez sentí un ardor intenso en los ojos. Parecía que me había frotado la vista con ají o chile como le dicen los aztecas. 
Era la primera vez que los ojos se me llenaban lágrimas. Unos años antes, el 69 había llorado intensamente por la muerte de mi abuela Zoila; pero lloré de dolor, de tristeza; sin embargo, ahora lloraba involuntariamente, lloraba por los químicos del gas antidisturbios y no por sentimiento.
Era la primera vez que sentía como no podía abrir mis ojos y gritaba todas las lisuras que mi papá me había enseñado desde mi infancia.
Era la primera vez que no podía ver bien, que no enfocaba, que mi visión estaba borrosa y abanicaba las manos tratando de mantener el equilibrio o de agarrarme de algo y regresar a corriendo a casa; pero, sentía que me ahogaba y sin ver ni respirar bien no podía avanzar.
Era la primera vez que sentía "arena" en mis ojos sin haber jugado a la guerrita con los amigos del barrio. 
Era la primera vez que me ardía la nariz, la garganta y estornudaba, tocía y me faltaba el aire como a mi hermana Alicia durante sus ataques de asma.
Era la primera vez que deseaba correr y huir por la avenida Balta, donde en la época de verano nos gustaba correr jugando a la pega, a las escondidas, al chicote escondido, a los carricoches, a la pelota, a cazar grillos en el mes de marzo, cuando las lluvias apenas nos visitaban, y a otros tantos juegos de chibolos que hasta la fecha no olvido. 
Era la primera vez que quería ser veloz como el "loco" Uchofen, para correr por la Balta y huir de los manifestantes del Sindicato Único de los Trabajadores de la Educación Peruana (SUTEP), de la policía y de los gases antimotines. Y fue la primera vez que sentí como me auxiliaban. Eran unas manos tiernas y suaves que cubrían mi rostro con un pañuelo húmedo que calmaba el ardor de mis ojos y me permitía respirar mejor. Era la Pirucha, la mudita del barrio quien entre balbuceos me auxiliaba y con su mirada serena y su rostro pecoso me calmaba. Era Pirucha quien, tomando mi brazo derecho, mientras yo sostenía el pañuelo mojado en mi nariz y boca con la mano izquierda, me llevaba hasta su casa junto a la estación de Radio Lambayeque. Era la primera vez que iba a su casa no para cantarle al niño Dios como lo hacíamos cada Navidad y su abuelita nos premiaba con caramelos, alfajores, mazamorra, arroz con leche y chicha morada. No, esta vez no me llevó a su casa para alegrar al Niño Dios, sino para resguardarnos de la policía que brutalmente, sin discriminación, a golpes, patadas, palazos y gases dispersaba a los manifestantes mientras apresaba a otros.
Y fue la primera vez que con Pirucha vimos como los vecinos del barrio salieron en defensa de una joven estudiante de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo (UNPRG), ubicada en la avenida Balta, entre Torrez Paz y Francisco Cabrera. Cabe recordar que por esas fechas la "Pedro", no tenía campus universitario y sus facultades estaban desparramadas por todo Chiclayo.
Los vecinos con valentía entre gritos y golpes rescataron a la joven estudiante y también la auxiliaron en casa de la mudita del barrio. Estaba golpeada, sangraba por la nariz y la boca, tenía los ojos hinchados y solo repetía en voz baja: "estudio derecho".
En medio de esa confusión llegó mí viejo. Entró saludando a los papas de Pirucha con las siguientes palabras: ¡Hola, primo!... ¿Cómo está mi hijo?
Esa noche me enteré qué la abuelita de Pirucha era prima hermana de mi abuela Zoila, la mamá de mi papá; que los padres de Pirucha eran mis parientes, que la mudita del barrio era mi prima lejana y que el hombre que había golpeado a la estudiante de derecho era un alférez de la guardia civil.
Cuando todo se calmó y el gas lacrimógeno se dispersó mi padre me llevó a casa. No dijo ni una palabra, ni me dio explicaciones de nada. Ese silencio me ayudó a pensar y recordé el velorio de mi abuela: Los parientes de Pirucha no estuvieron en el funeral de mi abuela. Por más que hacía memoria nos los veía en mis recuerdos.
Al llegar a casa sólo me dijo: "Lávate bien la cara y los ojos y vienes a cenar, tu mamá hizo hígado encebollado con yucas fritas".
Una semana después durante el desayuno mi viejo preguntó: "¿Se acuerdan del alférez que masacró a la estudiante de derecho?"... y agregó: "Lo mataron en el parque de San Carlos".
Entonces agarré el periódico local, "La Industria" de Chiclayo, y vi la noticia en primera plana. Un grupo de desconocidos habían emboscado al policía y lo acribillaron a balazos.
En ese momento sentí que algo nuevo había nacido en mí...
A partir de los 80 oler los gases lacrimógenos, estar en medio de marchas, ser testigo de la brutalidad policiaca y de la violencia terrorista se convirtió en la materia prima de mi trabajo periodístico.





















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