Garabatos de un caminante

Garabatos de un caminante
Apizaco, Tlaxacala, México

jueves, 17 de septiembre de 2026

C0MO TRAER CARAL A MI BARRIO

 YA SABEMOS que Caral vivió 1.000 años sin guerra. Ya sabemos que descubrió a Maslow. Ya sabemos que vivió sin papá Estado. 

Muy bonito para un libro, me dirás, pero yo vivo en México, en Chiclayo, en San Juan de Lurigancho, con la cuenta de la luz por pagar. ¿Cómo traigo a Caral a mi barrio hoy?

No necesitas permiso del Congreso. Caral no pidió permiso. Hizo 5 cosas que tú puedes hacer mañana mismo, pueblo por pueblo, como me enseñó mi padre a los 11 años de Chiclayo a Lima.

1. Haz tu Feria Caral. La Ruta del Algodón 2.0 

Caral no era un imperio, era una feria gigante. Costa, Sierra y Selva se encontraban a intercambiar.

Haz lo mismo en tu cuadra. Junta a 3 personas: una que siembre algo, una que haga algo con las manos y una que cure o enseñe algo. Yo tengo algodón, tú tienes pescado, él tiene papa nativa. Intercambiamos en una plaza, sin intermediario que imponga precio. Sin supermercado. Hoy se llaman Mercados Agroecológicos, Bioferias. Pero son la Ruta del Algodón con otro nombre. Abre un grupo de WhatsApp: "Feria Caral Neza" o "Feria Caral Chiclayo". Empieza con 5 familias. Caral empezó con 5 familias y terminó con 3.000 habitantes.

2. Haz tu Escuela Shicra. En Caral no había colegio con pizarra donde uno impone y los demás copian. Había fogones donde el anciano enseñaba a tejer la red y el joven enseñaba a hacer la flauta de hueso de pelícano. Haz un taller en tu casa. Una tarde al mes. Tú enseñas lo que sabes. Yo te enseño lo que sé. No hay profesor, todos somos yachachiq, el que sabe y comparte. Eso es educación horizontal. Eso destruye al papá Estado que nos dice qué pensar.

3. Haz tu Empresa de Prestigio, no de jefe. En Caral el jefe no era el que más oro tenía, porque no había oro. El jefe era el que más sabía y más compartía. El que traía la semilla de algodón de otro color. El que sabía la canción para la fiesta. Haz una cooperativa, no una empresa con patrón. Una cooperativa de 5 amigos donde todos ponen trabajo y todos se reparten según lo que ponen. En el Perú ya existen y funcionan: cooperativas de algodón nativo de color, de café de Chanchamayo, de cacao de la selva. Esa es Caral viva. Sin lucha de clases, con complementariedad de saberes.

4. Haz tu faena sin alcalde. Caral levantó 7 pirámides sin que el Estado le mande barro, quincha y adobe. ¿Cómo? Con shicra. Cada familia tejía su bolsa de fibra vegetal, la llenaba de piedras y la ponía. Una bolsa no es nada. 10.000 bolsas son una pirámide antisísmica que dura 5.000 años. Vuelve a la faena comunal, a la minka. No esperes que la municipalidad te limpie la acequia o te arregle la losa. Junta a tus vecinos un domingo, cada uno con su shicra moderna, su costal, y arreglen su calle, su biohuerto, su local. Esa es la pirámide de tu barrio.

5. Cuenta la Historia. Esta es la más importante. Caral desapareció porque dejó de contarse. Nos hicieron creer que el Perú empezó con Pizarro o con Velasco o que no hay un solo Perú.

Si cada peruano conociera la historia de Caral y la contara a un niño de 11 años que hace 5.000 años aquí, en Supe, vivimos 1.000 años sin guerra, sin murallas y sin papá Estado, solo intercambiando, ese niño ya no va a creer que necesita un salvador. Va a saber que el Perú no necesita que lo salven. Necesita que lo tejan de nuevo.

Porque cada vez que se cuente la historia de Caral pongo una nueva shicra para una pirámide nueva.

No impongo, relaciono y así traigo a Caral a mi barrio,

Por eso este blog se llama Garabatos de un Caminante. Porque cada artículo es una shicra que pongo para la nueva pirámide. No impongo, relaciono. Y así traigo a Caral a mi barrio.


CARAL 1000 AÑOS SIN PAPÁ ESTADO

 

Tenía 7 años en 1968, cuando el cachaco Juan Velasco Alvarado quiso imponer la gran mentira del Estado Poderoso, de Papá Estado, dándole un traicionero golpe de estado a Fernando Belaúnde Terry, presidente del Perú en ese momento.

Tenía 19 años, cuando el terrorismo sanguinario de Sendero Luminoso (SL) y del Movimiento Revolucionario "Túpac Amaru" (MRTA) a través de asesinatos, secuestros, violencia, sangre y fuego intentaron llegar al poder para imponer ideas marxistas y maoistas en mi querida patria.

Y hoy en pleno siglo XXI los caviares aún repiten como descerebrados que un Estado marxista, maoista, un estado "fuerte" "democrático" que mande, reparta, controle y vigile salvará al Perú.

Nos han mentido por décadas. 

Hoy el descubrimiento de Caral, por Ruth Shady en 1994, nos demuestra que no necesitamos un papá estado que nos diga quehacer. 

Caral vivió 1.000 años sin papá Estado. Y no solo vivió, fue la primera civilización de América que vivió ejerciendo su libertad.

¿Cómo sabemos que no había papá Estado? 

Simple no hay rey. En Egipto el faraón se enterraba con todo el oro. En Moche, el Señor de Sipán se enterraba con oro y con sus sirvientes muertos. En Caral, Ruth Shady ha excavado 30 años y no ha encontrado ni una tumba de un jefe con oro. El poder no se enterraba, se compartía en la plaza. 

No hay cuartel. No hay armas. No hay murallas. Un Estado que impone necesita ejército y policía para hacerte obedecer. Caral no tiene nada de eso. 

¿Cómo controlas a 3.000 personas por 1.000 años sin armas? 

Solo hay una forma: porque nadie quería irse. Porque el trato era bueno para todos. No hay almacén del Estado. En el incanato había colcas, almacenes gigantes del Estado para repartir. En Caral no hay colcas centrales. Lo que hay son fogones, casas, talleres de todos. Cada familia producía y llevaba a la plaza a intercambiar. 

Entonces ¿cómo funcionaba?

Funcionaba como una gran feria de pueblo.

El pescador de Áspero llegaba y decía: "Te traigo pescado seco y guano para tu chacra". El de Caral le decía: "Yo te doy algodón para que hagas tu red y te enseño a tejerla más fuerte". El de la sierra bajaba y decía: "Yo traigo papa, oca, quinua y madera". El de la selva decía: "Yo traigo plumas de guacamayo, caracol y plantas para curar". Nadie le decía al otro cuánto valía su producto. Nadie imponía precio. Se relacionaban. Si no te gustaba el trato, no volvías la próxima luna. Pero iban y venían por 1.000 años porque les convenía. Eso es horizontalidad. Eso es comercio. Eso es intercambio de conocimientos. No es lucha de clases. Es complementariedad de clases. La lección para hoy: Velasco quiso hacer la reforma agraria imponiendo desde Lima. Fracasó, porque impuso. Senderó y el MRTA quisieron hacer la revolución imponiendo con balas la lucha de clases. Fracasaron y nos dejaron más de 70.000 muertos.

¿Por qué fracasaron? 

Porque quisieron traer ideas de Europa, de Marx, de Rusia, a un territorio que ya tenía su propia idea hace 5.000 años y que sí funcionó. La idea de Caral es: el Perú no necesita un papá que le pegue para ordenarlo. Necesita una gran mesa donde la costa, la sierra y la selva se sienten a intercambiar lo que saben hacer. Como al inicio. 

El principio de la civilización en el Perú no fue el Estado. Fue el comercio. Fue el trueque. Fue el "yo te ayudo, tú me ayudas". Si entendemos eso, dejamos de esperar a un salvador. Y empezamos a tejer de nuevo nuestra propia Ruta del Algodón. No impongo, relaciono. Así vivió Caral 1.000 años.

Y esto explica porque el Perú desde la crisis de1968 ha seguido luchando para salir adelante sin la ayuda del Estado.

La existencia de Caral explica que los peruanos avanzan de manera independiente al Estado.

Caral demuestra que el peruano tiene mentalidad emprendedora desde hace 5 mil años.

Caral demuestra que hay una desconexión entre el poder y la economía real.

Caral demuestra la resiliencia social de la población peruana que siempre es zarandeada por terremotos, huaycos, el fenómeno del niño.

Tal vez en la genética peruana ya está escrita la alegoría de Caral: No impongo, relaciono.



CARAL DESCUBRIÓ A MASLOW HACE 5 MIL AÑOS

 Antes de empezar quiero dedicar este trabajo a mi padre quien me enseñó a viajar desde los 11 años. 

Me llevó a Lima pueblo por pueblo y nos detuvimos en Supe sin saber el mensaje que, Caral, guardaba en sus entrañas para el Perú y el mundo.

En 1943, el psicólogo Abraham Maslow dijo que el ser humano tiene una pirámide de necesidades. Lo que nadie se atrevió a decir es que, en el Perú 5.000 años antes, ya la habían construido en barro, quincha y adobe. No en papel. En barro, quincha y adobe del Valle de Supe.

Conocí Supe a los 11 años y ahora a los 65, gracias a la arqueóloga Ruth Sady, puedo afirmar que Caral en sí mismo es la pirámide de Maslow.

He aquí la comparación:

1. LA BASE: Necesidades Básicas. Lo que yo llamo la Ruta del Algodón. Maslow decía: alimentación, casa, vestido, seguridad, salud, educación. En Caral eso se ve abajo, en la base de la pirámide. 

¿Qué encontró la arqueóloga Ruth Shady? Algodón para vestirse y para hacer redes. Pescado fresco, pescado seco de Áspero para comer proteínas. Casas de quincha que no se caen con los terremotos, porque tienen una técnica antisísmica que hoy usamos. Plantas medicinales de la selva para curarse. Y papa, oca y quinua de la sierra para nutrirse. Si no resuelves la base, no puedes pensar en nada más. Por eso Caral primero tejió la red Costa-Sierra-Selva. La Ruta del Algodón. Era su supermercado, su farmacia, su maderería.

2. EL MEDIO: Necesidades Psicológicas. El entretenimiento, el ser parte. Maslow decía: pertenencia, autoestima, entretenimiento, autoconocimiento, desarrollo personal. En Caral eso está en el medio de la pirámide. Encontraron 32 flautas hechas de hueso de cóndor y de pelícano. ¿Para qué? Para hacer música. Encontraron un anfiteatro circular hundido, para hacer fiestas, para bailar todos juntos. Encontraron espejos de obsidiana, para mirarse a sí mismo. Eso es autoconocimiento. Caral entendió que el hombre no solo quiere comer. Quiere reír, quiere tocar música, quiere bailar, quiere sentirse parte de una comunidad, quiere crecer. O cómo diría Aristóteles quiere ser feliz.

3. LA CÚSPIDE: La Necesidad Trascendente. Lo más difícil. Maslow al final de su vida añadió la última necesidad, la que pocos alcanzan: la trascendencia. Dejar un legado. Servir a otros. Dejar una historia digna y honesta para las nuevas generaciones. 

Y aquí está la genialidad de Caral. En Egipto, la cúspide de la pirámide era para un solo hombre: el faraón muerto, con todo su oro. Era ego. En Caral, la cúspide es vacía. Es una plaza para que suba todo el pueblo a ver el sol, las estrellas, a estar juntos. No guardaba un muerto, guardaba una idea: "nosotros estuvimos aquí, trabajamos juntos sin guerra durante 1.000 años, y esto que construimos se lo dejamos a ustedes". Por eso no hay murallas en Caral. Por eso no hay armas. En conclusión, de un caminante, que empezó a rodar a los 11 años, que estudió Filosofía, que ejerció el periodismo en plena guerra contra el terrorismo en el Perú, que vino a pie a México siguiendo la ruta de los ilegales, que conoce el México profundo y sigue viajando: Maslow lo escribió en un libro. Caral lo vivió hace 5 mil años. 

Cómo me dijo una vez el padre Ugarte, mi profesor de Teología, en la Universidad de Piura: "a nadie se le puede hablar de Dios con el estómago vacío". 

Caral nos recuerda: primero aseguras la comida, la casa y el vestido con tu Ruta del Algodón. Luego aseguras la alegría, la música y el ser parte de algo. Y solo entonces, cuando tienes lo primero y lo segundo, puedes pensar en lo tercero: en servir, en dejar un legado, en que tu historia sea digna de ser contada, para que tus hijos y tus nietos vivan con honor y honra. Todos somos protagonistas de nuestra propia historia y tenemos que ver como la queremos escribir.

Esa es la lección de Caral. Esa es la lección que hoy el Perú y el mundo han olvidado. Caral no descubrió solo la economía circular y recíproca. Descubrió el sentido de la vida humana hace 5.000 años: No impongo, relaciono. 




miércoles, 16 de septiembre de 2026

LA RUTA DEL ALGODÓN DE CARAL, LA PRIMERA RUTA COMERCIAL DE LA AMÉRICA PREHISPÁNICA

Cómo nació la primera red comercial Costa-Sierra-Selva hace 5.000 años:

Antes de que la Hija del Mar navegara de Chile a México, hubo una ruta más pequeña, más íntima, que hizo posible todo lo demás. 

Yo la llamo La Ruta del Algodón de Caral. Ubiquémonos: Valle de Supe, 200 km al norte de Lima, a 25 km del Océano Pacífico. Año 3.000 antes de Cristo. Mientras en Egipto apenas empezaban a levantar sus primeras pirámides, en el Perú ya existía Caral, la ciudad más antigua de América. 

¿Cómo pudo una ciudad en medio del desierto vivir 1.000 años sin hambre y sin guerras?

La respuesta está en este mapa. No es una ruta de conquista, es una ruta de necesidad. Caral entendió algo que hoy hemos olvidado: nadie produce todo lo que necesita. 

La clave está en el algodón.

En Puerto Supe y Áspero, en la costa, tenían algodón de colores naturales y toneladas de anchoveta. Pero con algodón hacían algo más valioso que ropa: hacían redes de pesca. 

Con redes pescaban más anchoveta de la que podían comer. La secaban y salaban. Tenían excedente. 

Ese excedente de pescado seco y algodón lo subían por el Río Supe hacia la Sierra. ¿Y qué había en la Sierra? Papa, oca, quinua y lana de llama y alpaca. Productos que no se dan en la costa desértica. Y con ese mismo algodón y pescado, llegaban hasta la Selva. De ahí traían lo sagrado: plumas rojas y azules de guacamayo para sus ceremonias, achiote para pintar de rojo, plantas medicinales y alucinógenos para sus ritos, maderas duras para sus construcciones.

El círculo perfecto que no deshecha nada, el espiral que crece de un punto de partida y evoluciona. 

La Costa da algodón y proteína -> Sierra da carbohidratos y abrigo -> Selva da color y medicina -> Todo regresa a Caral. Todo sirve, nada se desperdicia. No hay deshecho. Eso es economía circular 5.000 años antes de que Europa inventara la palabra. 

Caral no necesitó murallas porque no necesitaba robar. Era el centro de intercambio donde todos ganaban. 

Si talas el bosque, si contaminas el río, si dejas de tejer algodón, el espiral se rompe y todos pierden. Lo sabían por observación, por sentido común. 

Por eso llamo a esta red la Ruta del Algodón. Porque el algodón es el hilo literal y simbólico que tejió la primera civilización del continente. Y cuando esa ruta se hizo fuerte, estable, próspera, ¿qué pasó? se expandió. El mismo principio de "te doy, me das, nos necesitamos" salió de la cuenca de Supe y se lanzó al mar. Y se convirtió, 1.800 años después, en la Ruta del Mullu, la Ruta de la Hija del Mar que llegó hasta Nayarit. 

Caral nos enseñó a comerciar. 

La Hija del Mar nos enseñó a navegar. 

Una no existe sin la otra. 

No impongo, relaciono.

Y lo más curioso de todo esta historia es que tuve la oportunidad de recorrer esta trilogía. Primero con mi padre, un viajero incansable. Gracias a él conocí desde Chiclayo hasta Lima pueblo por pueblo pasando por Supe sin saber lo que guardaba en sus entrañas.

Luego como periodista recorriendo la costa, la sierra y la selva del Perú sin adivinar que estaba caminando por la ruta del algodón.

Y como periodista, a mediados del 88 siguiendo la ruta de los ilegales no sabía que estaba caminando, volando y navegando por la Ruta de la Hija del Mar.

Y finalmente, como guionista de historietas recorrí, el México profundo desde Chiapas a Nayarit ignorando la importante relación comercial entre Mesoamérica y el mundo andino.

Como dicen los caralinos todo se relaciona, todo tiene un principio y evoluciona, todo empezó con el comercio y la tecnología, no con doctrinas mezquinas y sanguinarias. 

El comercio y el intercambio de conocimiento  abren rutas como la ruta de la seda en China y en América prehispánica:

1. Ruta del Algodón de Caral (la raíz)

2. Ruta de la Hija del Mar (la expansión) 

3. No impongo, relaciono (la filosofía)

Tres principios que explican 5.000 años de historia.

Qué explican la existencia de Caral durante 1000 años en armonía, sin disparar una flecha. 

Eso es lo que hace único a Caral: sin armas, sin murallas, sin guerras; sin hambre, con excedentes de algodón y pescado que le servían como moneda de trueque para intercambiar por productos que necesitaban.



LA PRIMERA ECONOMÍA CIRCULAR NACIÓ HACE 5 MIL AÑOS EN CARAL, PERÚ:


 La primera civilización de América que vivió 1.000 años sin guerras porque entendió que el agua no se va, se transforma en espiral. No impongo, relaciono.

Caral descubrió la economía circular y la economía de la reciprocidad hace 5 mil años sin haber leído un libro de economía. Lo hizo siguiendo su instinto y el sentido común.

Aislada de Egipto, Mesopotamia, China, India y de los Olmecas, Caral partió de una observación simple: en la naturaleza nada sobra, nada se desperdicia. Todo sirve, todo se transforma. Lo vemos en el Ciclo del Agua. El agua no desaparece, circula y vuelve, no como un círculo perfecto, sino como un espiral dinámico. Así funciona la naturaleza. Y así funcionó Caral. 

Aristóteles lo explica en su Ética a Nicómaco: la acción humana está orientada hacia el bien. A un niño no tienes que enseñarle a compartir, el niño descubre el bien compartiendo. La sociedad puede ayudarlo a cultivarlo o desviarlo. Caral eligió cultivarlo.

Por eso Caral funciona 1.000 años sin armas, sin murallas, sin guerras.

¿QUÉ ES CIVILIZACIÓN? 

Para responder esta pregunta quiero citar literalmente a la arqueóloga Ruth Shady en su exposición "Trascendencia de la Civilización Caral": "América fue poblada entre treinta y cinco mil y quince mil años... si nos comparamos en el marco civilizatorio mundial, tenemos: en América del Sur, a Caral – hace cinco mil años –, Mesopotamia – cinco mil doscientos aproximadamente –, y las demás por allí van, India, Egipto, China... 

¿Qué implica una civilización? Tener organización interna, economía excedentaria, vida nucleada, autoridades sociales, producción de conocimientos en ciencia y tecnología y construcciones monumentales". Es decir, Caral deja de ser aldea y se vuelve civilización prístina al nivel de Egipto porque hace una revolución agrícola. Domesticó plantas, inventó canales de riego y usó el guano de las islas de Chincha, el mejor fertilizante del mundo por su nitrógeno, fósforo y potasio. Gracias a ese excedente de alimentos - pescado fresco y seco, camote, calabazas y algodón - ya no hay hambruna. La gente puede seguir su vocación: artesanos, constructores, médicos, maestros, artistas. Y con ese excedente desarrollan ciencia que Europa no tenía: las shicras antisísmicas - bolsas de fibra vegetal rellenas de piedras para que sus pirámides resistan terremotos - y las técnicas de conservación de alimentos por años. Esa tecnología, que Colón se llevó, valió más que el oro y la plata, porque Europa moría de hambre, como en la hambruna de 1315 que mató al 10% del continente.Y con ese excedente nace el comercio. Su primera ruta se llamó "Red de Intercambio de la Cuenca de Supe" o "Eje Costa-Sierra-Selva". Llevaban pescado y algodón de la costa y lo intercambiaban por papa, oca y lana de alpaca de la sierra, y por plumas de guacamaya, achiote y plantas medicinales de la selva. Esa red, más adelante, se convertiría en la Ruta del Mullu, la Ruta de la Hija del Mar que unió la América Prehispánica desde el norte de Chile hasta Nayarit, en México.

LOS 3 PRINCIPIOS DE CARAL

Caral funcionó sin guerras porque su filosofía era distinta:

1. Primero es persona. No individuo que compite e impone. Es persona que para existir necesita de los demás. Soy porque somos. Caral ve a sus semejantes y a la naturaleza en un plano horizontal, no vertical.

2. Luego es mejor cada día. La existencia no es una línea que empieza y termina, es una espiral. Recibir, transformar y devolver. Como la semilla que muere para que nazca el fruto.

3. Y eso en comunión. No solo con la gente, con el río, con el bosque, con el viento. Si talas un árbol ribereño, te inundas. Eso no lo aprendieron en un manual ecologista, lo aprendieron observando. De ahí nace la economía circular: no desperdicia, no tira, todo se transforma. Y la economía de la reciprocidad: servir, respetar, convivir horizontalmente.

LA RECIPROCIDAD NO ES UNA IDEOLOGÍA 

Caral no es marxista, ni caviar, ni necesitaba serlo. Es 3.000 años anterior a Marx. La reciprocidad es Ayni en quechua - hoy por ti, mañana por mí - es Guelaguetza en zapoteco, es Ubuntu en África - "yo existo porque tú existes". 

Pueblos separados por 7.000 kilómetros y océanos, que nunca se conocieron, llegaron a la misma conclusión por sentido común: el individuo no existe aislado y la riqueza solo tiene sentido cuando circula. 

Caral nos grita algo que hoy necesitamos escuchar para la crisis de sostenibilidad del planeta: el progreso no nace de dominar a otro, sino de aprender a relacionarnos con él.

Caral no inventó una teoría. Siguió el corazón de la naturaleza humana. 

Y nos dejó su lema para siempre: 

No impongo, relaciono.


CARAL DESCUBRIÓ LAS ECONOMÍAS CIRCULAR Y DE LA RECIPROCIDAD HACE 5 MIL AÑOS

Caral descubrió la economía circular y la economía de la reciprocidad hace 5 mil años siguiendo su instinto y el sentido común.

Aislada de las primeras civilizaciones o también llamadas civilizaciones prístinas: Egipto, Mesopotamia, China, India, Olmeca;

Caral partió de la observación, de la experiencia y de ver como en la naturaleza nada sobra, nada se desperdicia, no hay derroche, no hay deshechos; todo sirve, todo se utiliza, todo se recicla, todo se transforma.

Esto lo vemos una y otra vez en el Ciclo del Agua: el agua no desaparece, se transforma, circula y vuelve una y otra vez a cumplir su función no como un círculo perfecto, sino más bien como un espiral. Así funciona la naturaleza como un espiral dinámico en el cual nada se pierde, todo se transforma. 

Caral siguió los caminos del corazón de la naturaleza humana. El ser humano busca la bondad, lo contrario es perversión.

Caral no inventó una teoría, observó, siguió el sentido común cuando la sociedad no había aprendido a complicar lo sencillo.

Aristóteles lo dice muy claro en su obra "Ética a Nicómaco", donde explica que la acción humana está orientada hacia el bien, hacia un fin positivo. Por ejemplo: A un niño no tienes que enseñarle a compartir. El niño descubre el bien en la experiencia de sus propias acciones; la sociedad mediante sus hábitos y enseñanzas puede ayudarlo a cultivarlo o puede enseñarle a desviarse de él.

Hace 5 mil años, Caral descubrió que el mal tuerce lo sencillo y aleja al ser humano del bien común, mientras que el bien encuentra reposo en lo natural: servir a los demás, practicar la reciprocidad y el respeto, y convivir horizontalmente con nuestros semejantes y la naturaleza.

Por eso Caral funciona sin armas, sin murallas, sin guerras, sin imposiciones. 

Caral no impone, relaciona y funciona porque, y aquí quiero citar literalmente a la arqueóloga Ruth Shady, quien en su exposición "Trascendencia de la Civilización Caral" dice: "Como ya conocemos, a través de las investigaciones arqueológicas, América fue poblada entre treinta y cinco mil y quince mil años de acuerdo a una serie de evidencias que se han encontrado, pero ha sido todo un proceso el que pudiesen adaptarse a las condiciones de este territorio. En principio hemos visto que alrededor de los doce mil años, las poblaciones ingresaron al territorio del Perú y, si nos comparamos en el marco civilizatorio mundial, allí podemos ver las civilizaciones y la antigüedad que estas tienen. Están distribuidas en relación con el presente y tenemos: en América del Sur, a Caral – hace cinco mil años –, Mesopotamia – cinco mil doscientos aproximadamente –, y las demás por allí van, India, Egipto, China… entonces ha sido una etapa en la que la humanidad estaba avanzando en su desarrollo. Pero ¿Qué cosas implica una civilización? 

-Es tener ya una organización interna.

-Una economía excedentaria.

-La gente no sólo se dedicaba a la producción de alimentos sino, también, a otras especialidades.

-Tenían una forma de vida nucleada

-Organizados internamente. 

-Distinciones de acuerdo a las actividades.

-Autoridades sociales y políticas.

-Producción de conocimientos en ciencia y en tecnología (Es algo en lo que me gusta enfatizar porque se nos ha hecho creer que no hubo producción científica sino hasta la llegada de la cultura occidental y no es verdad, como veremos.)

-Y, construcciones monumentales para destacar en cada centro urbano dentro de las actividades multifuncionales que se efectuaban".

Es decir, los caralinos pasan de ser una aldea primitiva a una gran civilización como Egipto, China, India, Mesopotamia y Olmeca (México) porque tuvo una revolución agrícola: aprendieron a domesticar plantas y animales (agricultura y ganadería). 

Mejoraron su tecnología: inventaron canales de riego, usaron fertilizantes como el guano de las islas de Chincha, al sur de Lima, considerado el mejor del planeta por su alto contenido de nitrógeno, fósforo y potasio. Usaron herramientas y aumentaron la producción de alimentos (economía excedentaria).

Gracias al excedente de alimentos, no había hambrunas, los caralinos podían dedicarse a su vocación. Como en la actualidad no todos nos dedicamos a la agricultura. Cada quien sigue su vocación y trabaja como profesional, técnico, obrero, empleado o realiza algún oficio manual y también hay quienes se dedican a las artes y la cultura.

Los caralinos gracias a la abundancia de alimentos desarrollaron: la ciencia antisísmica con el uso de las shicras: bolsas tejidas con fibra vegetal y rellenadas de piedras, para la construcción de viviendas resistentes a terremotos, etc. Desarrollaron técnicas para la conservación de alimentos. Y aquí quiero hacer hincapié que esta tecnología con la llegada de Colón a América fue lo más importante que los europeos llevaron a su hogar. Los europeos no sabían conservar los alimentos por años y sufrían de hambrunas como la de 1315 que acaba con el 10 porciento de la población del viejo continente. Las técnicas para la conservación de alimentos en Europa fueron mucho más valiosas que el Oro y la plata.

El trabajo se dividía en artesanos, constructores, médicos, sacerdotes, maestros, etc.; artistas, pintores, poetas, etc.

Y gracias al exceso de alimentos como: pescado fresco, pescado seco, mariscos, camote, calabazas, etc. y el algodón surge el comercio. Los caralinos llevaban sus excedentes de la costa a la sierra y la selva peruana creando su propia ruta comercial llamada oficialmente como: "Red de Intercambio de la Cuenca de Supe" o el "Eje de Intercambio Costa-Sierra-Selva". Más adelante también esta red formaría parte de la Ruta del Mullu o de la Hija del Mar que llegaba desde el Norte de Chile hasta las costas de Nayarit en México. (Leer: La Ruta de la Hija del Mar)

El pescado fresco, seco, el camote, las calabazas y el algodón lo intercambiaban por: papas, oca, lana de llama, vicuña, alpaca; plumas de guacamayas, achiote, monos, plantas medicinales y alucinógenos para sus ritos religiosos.

Por estas razones funcionó y no entraban en problemas bélicos porque su filosofía de vida se centraba en: 

1. Primero es persona. No individuo que compite impone, conquista, doblega. Es persona que para existir necesita de los demás.

Caral nos demuestras que el ser humano no está solo, está en comunión con sus semejantes y con la naturaleza.

Caral nos enseña a ver a nuestros semejantes y a la naturaleza en un plano horizontal y no vertical. 

Caral nos demuestra que el ser humano y la naturaleza están a la par, se necesitan en una relación de respeto, reciprocidad y convivencia. Soy porque somos.

2. Luego es mejor cada día. Soy mejor persona, mejor ser humano. Hoy sirvo más que ayer y lo dice en su visión de la vida en forma de espiral.

La espiral de Caral nos dice que la existencia no es una línea que simplemente comienza y termina, sino un movimiento continuo de relación, transformación, reciprocidad: recibir, transformar y devolver.

El descubrimiento de Caral, por la arqueóloga peruana Ruth Shady Solis en 1994, nos enseña que la naturaleza no acumula para poseer, para dominar, para imponer; la naturaleza comparte, se relaciona, transforma y devuelve. Por ejemplo: Una semilla muere para que se fruto nazca, crezca, se reproduzca y muera y de este punto otra vez sigue el proceso alejándose del punto inicial porque va cambiando, va evolucionando. 

3. Y eso en comunión. No sólo con la gente, con el río, con el bosque, con el viento. Por ejemplo: se dieron cuenta que, si talas un árbol ribereño, te inundas. Esta experiencia nace del sentido común, de la observación no de un manual ecologista.

Es aquí, en estos principios filosóficos que nace la economía circular y la economía de la reciprocidad hace 5 mil años en Caral.

La economía circular no desperdicia, no tira, no derrocha, no malgasta todo sirve, todo se transforma y la economía de la reciprocidad, del respeto, de servir, de convivir horizontalmente con nuestros semejantes y con la naturaleza permitieron a los carolinos vivir en armonía por más de mil años sin guerras, sin armas, luchando por darle solución a los problemas domésticos propios de la naturaleza humana. Y esto se sabe porque los sacrificios humanos los reemplazaron por el sacrificio de figuras de barro que ofrecían a sus dioses con el fin de calmar su furia o ganar sus favores hasta que el cambio climático desbastador los obligó a desaparecer, a abandonar sus tierras. (Leer a Ruth Shady Solis arqueóloga)

Las economías circular y de la reciprocidad no son ideología, no nacen de una ideología son consecuencia de la observación, de la experiencia de la búsqueda de vivir en armonía con nuestros semejantes y el entorno.

Estas economías no son ideología, recalco, no son ideologías; son una consecuencia de la necesidad de vivir y trabajar en comunidad. Los caralinos comprendieron que ninguna comunidad puede sostenerse únicamente desde el individuo. 

Una sociedad, una comunidad, un pueblo, una ciudad necesita alimentos, construcciones, seguridad, protección, educación, intercambio de conocimientos y tecnología para poder afrontar juntos las dificultades del entorno.

Por eso Caral descubrió que se necesitaban unos de otros. Necesitamos de los demás para vivir, no para sobrevivir. Nos necesitamos unos de otros para lograr una vida de calidad.

Caral demuestra que la reciprocidad no nace de una doctrina, de una corriente de pensamiento, sino como una respuesta humana a nuestra condición de seres sociales.

Caral descubrió esta verdad hace 5 mil años. La economía de la reciprocidad no impone: nace de reconocer que nos necesitamos. Nos necesitamos para vivir, para trabajar y prosperar en armonía.

Vivir en una sociedad, en una comunidad exige cooperación, respeto, intercambio y servicio mutuo.

La reciprocidad no es algo impuesto desde arriba, surge porque en una comunidad, en un pueblo nos necesitamos unos a otros.

Por ejemplo, en el atlántico a más de 7 mil kilómetros de Caral, las antiguas culturas africanas, culturas distantes y muy diferentes a la de Supe, en el norte de Lima, también decían: "yo existo porque tú existes". 

La reciprocidad no es exclusiva de Caral, ni la cosmogonía africana Ubuntu, también la practicaban los Mixtecos en Oaxaca, los Mapuche de Chile, los pueblos indígenas del Noroeste de Norteamérica, etc.

Pueblos diferentes, culturas separadas por kilómetros, por la geografía, por el océano Atlántico, por lenguas y costumbres, por diferentes épocas y nunca tuvieron contacto entre ellas; sin embargo, tienen algo en común, tienen la misma intuición, son guiadas por el sentido común, por el corazón humano: el individuo no existe aislado de su comunidad y la riqueza adquiere sentido cuando circula dentro de las relaciones.

Así que en Caral la reciprocidad, y en distintas culturas del mundo, aparece como una forma de entender la relación del ser humano, la comunidad y la naturaleza: dar, recibir, devolver, compartir y mantener el equilibrio.

Caral demuestra que el ser humano es un ser social, que no necesita de armas, ni de murallas, ni de guerras para vivir en prosperidad.

Caral nos muestra que el ser humano puede construir una sociedad próspera sin hacer de la guerra su fundamento.

Nos enseña que el ser humano necesita trabajar, producir, intercambiar, compartir conocimientos, tecnología y productos.

Nos enseña que el ser humano no sólo está hecho para competir: está hecho para cooperar, intercambiar y construir con otros.

Nos demuestra que el ser humano se realiza en relación a los demás.

LA RECIPROCIDAD NO ES UNA IDEOLOGÍA

El descubrimiento de Caral nos permite ver al ser humano desde otra perspectiva. El ser humano para existir no necesita necesariamente de la guerra, de la conquista, de la acumulación, ni del individualismo.

El ser humano para vivir necesita trabajar, producir, intercambiar y cooperar.

El ser humano intercambia productos, pero también conocimientos, experiencias y tecnologías. Da algo recibe algo; ayuda hoy y puede ser ayudado mañana. Así nace la reciprocidad. Y esto es Ayni que en quechua significa hoy por ti, mañana por mí. O en lengua zapoteca es Guelaguetza.

Y reciprocidad no significa que todos tengan que poseer lo mismo, ni que la persona desaparezca dentro del grupo o que el individuo desaparezca en el colectivo. Significa reconocer una realidad más sencilla: no estamos solos, necesitamos de los demás.

Por eso la reciprocidad puede entenderse como una expresión de la naturaleza social del ser humano. Aristóteles desde su punto de vista filosófico dice: "El hombre es un animal político"; Santo Tomás de Aquino lo relaciona con la ley natural y la inclinación humana hacia el bien; y otras culturas, desde sus propias experiencias, desarrollaron formas de cooperación, intercambio y vida comunitaria.

Caral, aclaró, no es marxista, ni caviar, ni necesitaba serlo. Su experiencia pertenece a miles de años atrás, muchísimo antes de Marx. Tampoco es necesario ponerle el letrero de una ideología moderna para entenderla, estudiarla y comprenderla. 

Porque la reciprocidad no es una doctrina política: es una respuesta humana a una realidad elemental. Vivimos porque nos relacionamos. Prosperamos porque nos preparamos, estudiamos y trabajamos con entrega y pasión. Y encontramos armonía cuando esa relación se construye desde el respeto, la cooperación y el beneficio mutuo.

Hoy puedo decir sin temor a equivocarme, una de las grandes lecciones que nos da Caral es: el progreso no necesariamente nace de dominar a otro, sino de aprender a relacionarnos con él.

Caral no aprendió en libros de economía, ni inventó una teoría, siguió su instinto y el sentido común, propios de la naturaleza humana.

Por último, la creación de una economía circular y de una economía de la reciprocidad en Caral, hace 5 mil años, nos enseña que existen formas de organización capaces de responder a la crisis de sostenibilidad que actualmente agobia al planeta.

Y Caral lo grita al mundo: no impongo, relaciono.









domingo, 6 de septiembre de 2026

LA HIJA DEL MAR REINÓ DE MÉXICO A PERÚ

El pasado 7 de agosto México y Perú renovaron sus relaciones diplomáticas tras nueve meses de suspensión por un detonante político ocurrido el 3 de noviembre del 2025.

Mientras tanto las relaciones entre Ecuador y México siguen rotas desde el 5 de abril del 2024 tras la irrupción de la policía ecuatoriana a la embajada de México en Quito.

Estos lamentables hechos nos obligan a recordar que las relaciones entre estos países no son de ayer, ni de hace dos cientos o 500 años.

El contacto entre norte, centro y Sudamérica se remonta al año 1200 antes de Cristo (a. C.) cuando navegantes de la cultura Manta,  Ecuador, transportaban la concha espondilos, por el norte, hasta el actual México y por el sur hasta el Perú.

De acuerdo a las investigaciones realizadas por el Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos (CEMCA). La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto de Investigaciones Estéticas también de la UNAM, publicadas en el 2016 con el nombre: "La ruta de perros pelones, buzos y la concha spondylus". (Biblioteca virtual Scielo)

Así también lo revelan estudios del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) publicados el 10 de abril del 2025 en la revista Arqueología número 66 por: Adrián Velásquez Castro, Norma Valentín Maldonado y Estela Martínez Mora.

Los estudios afirman que los navegantes manteños, del golfo de Guayaquil, unieron a través del Océano Pacífico a lo que hoy conocemos como México, Ecuador y Perú.

Los manteños eran grandes navegantes que utilizaban embarcaciones de 20 a 30 metros de eslora (largo) por 4 ó 7 metros de manga (ancho) capaces de transportar a 20 ó 30 tripulantes y una carga de cien toneladas.

Las embarcaciones utilizaban grandes velas de algodón y un sistema de guaras o tablas de madera que funcionaban como un timón, para controlar el rumbo con la marea a favor o contra el viento.

Los manteños también eran expertos buceadores.  Se sumergían 30 metros para extraer la ostra espinosa de las aguas ecuatorianas y de Cabo Blanco, al norte del Perú.

La concha spondylus se caracteriza por crecer en las aguas cálidas del Océano Pacífico que van desde Baja California (México) hasta Cabo Blanco.

Abajo de Cabo Blanco está la helada corriente de Humboldt que recorre toda la árida costa peruana desde el desierto de Atacama, Chile.

Pero la variedad concha spondylus prínceps o crassisquama de color rojo coral tenía un altísimo valor sagrado porque se creía que eran las lágrimas de la diosa Umiña.  

Y para las culturas antiguas del norte, centro y del sur de América era el alimento de los dioses.

Las culturas precolombinas decían que la spondylus crassisquama anunciaba: la lluvia, el agua, la fertilidad agrícola y las divinidades marinas. 

Así, que, para los señores de Teotihuacán, Tula, Oaxaca, Chiapas, Tarascos o Purépechas; y,  luego para el Huey Tlatoani la valva tenía un valor sumamente religioso y eso valía más que el oro.

Al igual los señores del sur: Chavín, Moche, Nazca, Wari, Lambayeque o Sicán, Chimú y luego durante el Tahuantinsuyo, el Sapa Inca usó este bivalvo en sus ritos sagrados y en sus entierros. 

En el Perú le llamaban "Mullu" y en México se conocía como "Tapachtli" o "Teochipolli" y tanto en quechua como en náhuatl significaba: "concha sagrada". 

En el Tahuantinsuyo también le decían: "La Hija del Mar".

La hija del mar sureña, también, era muy codiciada por sus características físicas y porque anunciaba la llegada del terrorífico fenómeno del niño.

La  valva de Baja California, spondylus calcifer o limbatus o almeja burra no tenía el "poder" de la pequeña concha espinosa. 

Tal vez, ésto era así porque el carapacho es el más grande y más pesado de América.

Por lo general mide de 15 a 30 centímetros y pesa un kilo 300 gramos o más y sus espinas son pequeñas, no son muy pronunciadas.

Por fuera su color es rojo ladrillo intenso y otras van del  púrpura al naranja.

Por dentro es blanco porcelana con una banda marginal morada intensa y manchas café en las bisagras.

También formaba parte de la alimentación prehispánica y se podía pescar desde los 5 hasta los 15 metros de profundidad.

Mientras tanto, la concha spondylus prínceps o crassisquama se caracteriza por ser más pequeña, con abundantes espinas  muy pronunciadas como un erizo marino.

Es más pequeña y menos pesada. Mide un máximo de13 centímetros,  pesa de 180 a 500 gramos; su color va del crema, al  naranja rojizo y rojo coral. 

Por dentro es morado intenso y los buzos manteños tenían que bucear hasta 30 metros de profundidad para poder arrancarlas de las rocas marinas. Por esta razón los cráneos de estos "tritones" tenían los huesos del oído deformados.

Otra característica es que sólo la élite gobernante y los sacerdotes podían consumir el alimento de la hija del mar y sólo ellos podían utilizar su concha y las largas espinas para fabricar chaquiras, joyas de alta jerarquía y ofrendas para sus reyes y dioses.

Esta pequeña concha era tan valorada que la utilizaban como moneda de cambio. 

Cuentan los cronistas que en el Perú daban dos llamas por una pequeña valva.

Otros dicen que, en Oaxaca, los manta cambiaban un spondylus "enano" por 10 hachas de cobre y, en Nayarit, con un kilo de carapacho chiquillo y espinoso podían comprar una esposa, una balsa o un campo.

Sin embargo, aún así,  su máximo valor no estaba en el ejercicio del trueque; sino, en su naturaleza divina y religiosa.

La Hija del Mar anunciaba el espantoso y terrible fenómeno del niño. Fenómeno que como el diluvio universal desaparecía pueblos enteros.

(Aquí quiero hacer un paréntesis. 

En septiembre de 1982 sentí como el agua fría de la costa de Lambayeque comenzó a calentarse. 

Cuando íbamos a Pimentel, balneario de Chiclayo, el agua estaba caliente como la de Acapulco. 

Eso era un hecho rarísimo para todos  los que habíamos crecido disfrutando del frío mar de la costa peruana, rico en vida marina. 

Tenía 21 años y nunca habíamos visto un rayo, un relámpago y nunca habíamos escuchado un trueno y menos hablar del fenómeno del niño hasta que en enero de 1983 el cielo se desbordó sobre el norte del Perú. 

Piura quedó incomunicada durante tres meses.

En abril de ese año tuvimos que chatear un avión para regresar a estudiar a la Universidad de Piura desde la ciudad de Chiclayo.

La universidad edificada en medio del desierto piurano, entre dunas, chivos, algarrobos y el caliente sol piurano, ahora estaba rodeada de una laguna, en medio de una selva verde con insectos que quemaban nuestra piel como si nos dieran latigazos. Y ni hablar de las plagas de zancudos y sanguijuelas.

La señora de la pensión no quería efectivo, tuvimos que llevar víveres: papel higiénico, toallas sanitarias, medicamentos, etc.; para cubrir nuestros gastos. Regresamos al trueque como en la era prehispánica.

Urbanizaciones como el Chilcal, en Piura, desaparecieron bajo el agua. 

El agua se tragó literalmente residencias de 3 y 4 pisos levantadas lujosamente en una hondonada.

La gente de los pueblos jóvenes, como Santa Rosa, perdieron sus hogares y otros salían de sus casas remando en botes y llantas de tractor.

El 1998 se repitió este mega niño y en esta ocasión la casa de mi papá en Chiclayo ya no aguantó más. Se cayó el techo de quincha, mi padre y mi hermana se salvaron de morir aplastados.

Gracias a la consistencia del antiguo adobe, la casa no se desplomó por completo, el centro de Chiclayo sobrevivió una vez más  y las huacas de Lambayeque aún siguen de pie.

Ahora creo que se entiende mejor el valor religioso de la Spondylus prínceps, porque el fenómeno del niño es la ira de los dioses.

Es el llanto de rabia de la diosa Umiña de los Manta.

Llueve día y noche durante seis meses seguidos y el desierto se cubre de agua y vegetación abundante como en la selva.

Desde el aire las extensas arenas se ven como el uniforme de un comando salpicado de parches de agua marrón por acá y manchas verdes por allá. 

El océano se enferma. 

Como se enfermó el mar de Pimentel de junio de 1982 a junio de 1983. 

Yo fui testigo de esa terrible tragedia que dejó 512 muertos, millares de damnificados y ciudades, pueblos y rancherías incomunicadas.

Durante un año, el mar pasó de los 16 a los 29 grados centígrados asesinando toda vida marina.

El Niño enferma gravemente al mar, le cambia su color natural, lo vuelve marrón, sin vida, sin oxígeno, sin nutrientes. Se queda solo como una sopa caliente pasada que no se puede comer.

La corriente de Humboldt huye 500 kilómetros hacia adentro. Se va la pesca, el mar se queda pobre, vacío, pelado, sin vida. Sólo está caliente y en silencio como una enorme playa muerta.

El niño, en 1983, arrasó con todo soltando 2500 milímetros (mm) de agua en una zona donde normalmente llueve 50 mm al año. 

Llueve tanto que el agua salada del mar se vuelve dulce y los dioses del marinos  comienzan a sangrar. 

La concha spondylus no soporta el agua dulce, ni el agua tan caliente. Se estresa, se desprende de las rocas y sale a flote pintando de rojo el litoral, como si Umiña se desangrara mortalmente.

El año 1982 los pescadores de Paita y Pimentel, en el norte del Perú, asustados y hambrientos cogían con sus manos estas valvas espinosas sin necesidad de bucear.

Pero, no supieron interpretar el mensaje de la Hija del Mar quien a gritos pregonaba la furia de los dioses, tal como ocurrió hace 2000 mil años cuando comenzó a llover en el desierto y comenzó la mortal sequía en los bosques.

El Niño una vez más transformó la tierra.

Una vez más en el norte del Perú el cielo se desplomó a cantaros, mientras que en México no caía ni una gota de agua matando a la tierra de sed.

Lo bueno que, en 1983, los avances de la ciencia y la tecnología evitaron lo que pasó en Perú y México hace dos mil años.

Hace dos mil años en Perú la cultura Pucará colapso  dando paso a los Tiahuanaco en el lago Titicaca. Los Chavín dejaron sus tierras porque con tanta lluvia perdieron sus cultivos y su comida se pudrió. La cultura Paracas, de los mantos y las trepanaciones, por la sequía desapareció. Surgen los Nazca famosos por sus líneas para pedirle agua a sus dioses. Los Vicus huyen a las partes altas de Piura. Los Moche sufrieron 30 años de lluvia y 30 años de sequía hasta que desaparecieron.

Hace dos mil años el Niño azotó a México con una espeluznante sequía.

La cultura Cuicuilco desapareció por la falta de agua que duró 15 años. Luego vino la explosión del volcán Xitle. Esto dio paso a Teotihuacán. 

En Guatemala El Niño golpea a los Mayas y el Mirador colapsa. Sin maíz y sin alimentos fueron en busca de nuevas tierras.

La Hija del Mar alerta la visita indeseable del Niño. El niño que hace sangrar a los dioses y entonces es el momento de guardar pan para mayo, como dice el refrán. 

Es el momento de guardar maíz para aguantar la sequía en en el norte.

Y, para aguantar las lluvias torrenciales, en el sur, guardaban papa seca, chuño (papa deshidratada) y charqui (carne seca de llama o alpaca).

Los manteños conocían bien al Niño y sus desbastadoras consecuencias.

Conocían bien la leyenda de la Hija del Mar y sus maravillosas predicciones, su excelso valor religioso y como moneda de intercambio comercial.  

Conocían bien la construcción de grandes embarcaciones, las técnicas de navegación y la técnicas de buceo para llegar hasta los 30 metros de profundidad a puro pulmón.

Los mantas no improvisaron nada,  no hicieron nada por casualidad y mil años antes de la llegada de Cristóbal Colón, con conocimiento de causa, alevosía y ventaja (como dicen los abogados) crearon la primera ruta comercial marítima del continente americano.

Si en oriente, los chinos, crearon la ruta de la seda por el mar el año 600 d.C.; en América los manteños crearon la Ruta del Mullu o, con más poesía, La Ruta de la Hija del Mar 1200 años antes de Cristo.

Los manteños desde esa época habían creado una autopista marítima regular con horario, con puertos, con impuestos que funcionó hasta el año 1500 después de Cristo.

Mientras en los andes se usaba el Qhapaq Ñan, más conocido hasta la actualidad como los Caminos del Inca; los manteños usaron los Caminos del Mar.

Su base principal era Manta o Jocay en el Golfo de Guayaquil, Ecuador.

De allí hicieron su primera vía marítima hacia el sur por toda la costa ecuatoriana rumbo al Perú y el norte de Chile.

Zarpaban de Jocay hacia Salango, en la Costa de Manabí y aquí fue donde el año 1526, Bartolomé de las Casas los conoció por primera vez y difundió la noticia hasta la misma España. 

En Isla Plata hacían una parada para visitar el santuario de la diosa Umiña. Una enorme esmeralda tallada en forma de cabeza humana y tenía el tamaño de la cabeza de un niño de 7 años. Era la diosa de la salud, la fertilidad y de los manteños. A ella la alimentaban con el polvo de la concha spondylus. Los españoles nunca encontraron esta piedra preciosa y, hasta la fecha, los cazadores de tesoros corren tras ella.

Luego de orar ante la sagrada esmeralda, seguían hacia Santa Elena, en Huancavilca, los manteños del sur.

Con viento a favor llegaban a la isla de Puna. Allí los punaes cobraban peaje para salir del Guayas y  seguir navegando hacia el Perú.

Los punaes no eran comerciantes, eran los piratas del golfo de Guayaquil, guerreros preparados para el combate naval, no usaban flechas, utilizaban piedras para hundir las balsas, peleaban cuerpo a cuerpo y se comían a sus víctimas. 

Daban miedo, su dentadura estaba limada como espinas, sus cabezas eran puntiagudas y su piel morena como enormes peces. Eran como tiburones, afirmaban los cronistas españoles Juan de Sámano, Francisco de Jérez, y Cieza de León que llegaron con Francisco Pizarro, el conquistador del Perú.

Los manteños luego de pagar tributos con esmeraldas, spondylus rojo y mantas de algodón seguían hacia Tumbes, en el Perú.

En Tumbes cambiaban de tripulación. Allí, según el cronista Sámano, los manteños tenían residentes, casas y un cacique que estaba a la orden del Señor Principal de la embarcación, o para que se entienda mejor el capitán y dueño de la nave y la mercancía. 

En tierra se quedaban los más cansados y la travesía continuaba. El Señor principal iba sentado bajo un toldo, no remaba y era un noble de Jocay o Manta.

Su hombre de confianza, era un experto navegante, un piloto que sabía leer las corrientes, las estrellas, el color del agua y manejaba las guaras, tablas gigantes metía en los costados del barco para dirigir la nave a su destino, sin brújula.

Los calafanes no eran esclavos, eran tripulantes especializados en remar con enormes canaletes, en subir y bajar las velas de algodón, sacar el agua que entraba y eran expertos en pelear con macanas, hondas, lanzas, jabalinas y hachas de piedra y cobre.

También viajaban niños de 12 y 13 años como aprendices, eran hijos de los tripulantes y  empezaban sacando agua y amarrando cuerdas, a cocinar y a servir a la diosa Umiña que iba en el centro de la embarcación.

Con otras palabras se puede decir que los manteños crearon la primera empresa familiar y la primera marina mercante de América.

Aquí tenemos que puntualizar que el barco era de un noble, pero no del gobernante manteño; es decir, no era del estado. Era de la familia del noble. La madera, la vela, las guaras todo se heredaba de padre a hijo.

Los puestos de la tripulación también eran hereditarios, todo era un negocio familiar desde el mercader hasta el cocinero.

El señor principal no pagaba un sueldo, las ganancias se repartían entre él y la tripulación.

Los cronistas españoles no sabían como explicar este negocio y sólo decían: "la balsa es de este señor y sus familiares".

Así pasó cuando en 1528, Francisco Pizarro, capturó un barco manteño con 40 libras de oro y 200 kilos de spondylus rojo.

Bien, de Tumbes seguían hasta Sechura, Paita y Bayovar, en Piura, donde hacían una escala técnica por agua, fruta y comida fresca.

Al pasar Piura llegaban a los costas de Lambayeque donde descargaban la concha spondylus para los señores Muchik. (Leer la historia de las huacas de Túcume, Batán Grande y el Señor de Sipán)

De Lambayeque seguían hasta Pacasmayo, La Libertad, donde su mayor cliente era el Señor de Chan Chan, de la cultura Chimú. En ese sitio arqueológico se ha encontrado spondylus de Nayarit y Ecuador.

Como incansables marinos mercantes, de La Libertad, continuaban hasta Ica a dos mil kilómetros del sur de Manta donde negociaban con las culturas Chincha, Paracas y Pisco. Al desaparecer Paracas continuaron tratando con los nazcas.

Después de navegar 2 ó 3 meses intercambiando spondylus y esmeraldas, regresaban al Ecuador cargados de: cobre arsenicado, bronce, oro, plata, algodón nativo de colores, textiles de lana de vicuña y alpaca, pescado seco y salado, anchoveta, sal, ají, papa seca, chuño, charqui, chicha en polvo, guano de las islas de Chincha y hachas de cobre arsenicado que las convertían en moneda de intercambio.

Aunque no llegaron directamente a Chile, la concha spondylus seguía el viaje por tierra gracias a los comerciantes prehispánicos de Chincha, que se habían asociado con los manteños.

El retorno a Manta tardaba 4 a 6 meses dependiendo de las condiciones climáticas y porque regresaban remando y no con las corrientes marinas que les eran favorables de norte a sur. Ir de Norte a Sur era como descender por un tobogán.

Al aumentar la demanda de la concha spondylus en los reinos del Perú, los manteños buscaron una nueva ruta marítima para satisfacer los pedidos de sus viejos clientes.

Fue entonces que miraron hacia el norte y abrieron una nueva ruta para buscar a La hija del Mar.

Con sus grandes barcos, precisos conocimientos de navegación y cargados de spondylus, esmeraldas y productos peruanos zarparon hacia el norte.

Salían en diciembre cuando entra el viento del norte y la corriente del Niño los empuja hacia arriba.

Desde Manta iban a Esmeraldas, al norte de Quito, para proveerse de agua dulce y despedirse del último puerto ecuatoriano.

De allí llegaban a Tumaco, Colombia donde intercambiaban cobre por esmeraldas.

Más al norte llegaban a San Buenaventura y de allí se alejaban de la costa hasta llegar al Golfo de Panamá.

Seguros de sí mismos de arribaban a Nicoya, Costa Rica, donde cómo dicen hoy en el fútbol hacían una pausa de hidratación y descargaban cobre para los orfebres locales y nicaragüenses.

Los joyeros ticos y nicas a cambio entregaban cerámica policromada, jade, objetos de piedra verde, textiles de algodón, plumas exóticas y cacao que servían de moneda de cambio

Luego del intercambio comercial pasaban hasta el Salvador donde se subían a la contracorriente ecuatorial que los conducía directamente a México.

Eso sí primero visitaban Guatemala y Chiapas donde intercambiaban la spondylus por jade y serpentinas, obsidiana, plumas preciosas de quetzal y guacamayas, cacao y textiles finos para las élites gobernantes.

Con su nueva mercancía seguían rumbo a Huatulco donde empezaba el reino del spondylus morado.

Inspirados por su espíritu emprendedor llegaban a Acapulco y Zihuatanejo donde intercambiaban las hachas de cobre arsenicado con los Tarasco o Purépechas.

Pero no sólo eso, según la doctora norteamericana, Dorothy Hosler, del Instituto Tecnológico de Massachusetts y especialista en metalurgia prehispánica, los manteños no sólo eran mercantilistas; sino, promotores del conocimiento tecnológico de esa época.

Hosler asegura que los manteños en dos encuentros que tuvieron con los Tarascos o Purépechas les enseñaron el arte de la metalurgia  en especial a combinar cobre con arsénico para hacer armas fuertes en frío. Gracias a sus armas de metal, su organización militar y geografía, los aztecas nunca pudieron conquistar a los Purépechas o Tarascos.

En 1988, la especialista aseguró que la metalurgia se desarrolla en México el año 800 después de Cristo, mientras en los andes centrales del Perú apareció en el 1400 a.C.

De allí, que hoy aún se investiga si los manteños también compartieron información tecnológica con los mixtecos de Oaxaca, que a partir del año 900 d. C. se desarrollaron la falsa filigrana.

Lo cierto es que los navegantes manteños no eran vulgares comerciantes; sino, embajadores y difusores de conocimiento y tecnología, tal como hoy hacen las empresas de países desarrollados con países en vías de desarrollo.

Hosler demuestra su teoría cuando en Colima encontró cobre ecuatoriano fundido con estaño mexicano y  obtuvieron bronce.

Los manteños al llegar a Punta Mita en Nayarit también dejaron maestros del buceo. Estos instructores les enseñaron a sumergirse,  a los nayaritas, hasta 30 metros de profundidad a puro pulmón para arrancar la spondylus de las rocas marinas.

En Punta Mita, el arqueólogo mexicano José Carlos Beltrán Medina, encontró piezas de inmersión de la cultura Manta.

Halló pesos de buceo de piedra y anclas de piedra con las mismas características de los anfibios manteños.

Para los manteños Punta Mita significaba el banco más grande de spondylus prínceps del mundo. 

Sacaban cientos de toneladas que llevaban hasta los reinos del Perú y cuando éstos desaparecieron siguieron trabajando con  el imperio Inca: el Tahuantinsuyo, cuya capital era el Cuzco.

Hoy aún se sigue investigando si los manteños compartieron sus conocimientos náuticos y su experiencia como grandes navegantes con el Sapa Inca Túpac Yupanqui. Según el cronista español Pedro Sarmiento de Gamboa, en el siglo XVI, el hijo de Pachacutec tuvo contacto con los creadores de la Ruta de la Hija del Mar.

Por su parte el historiador peruano, José Antonio del Busto, asegura que Túpac Yupanqui llegó a la polinesia gracias a los conocimientos náuticos de los ecuatorianos.

Mientras esta teoría se estudia y se demuestra, lo que sí está comprobado científicamente hasta la fecha es que los extraordinarios navegantes manteños convirtieron al Océano Pacífico en la autopista de la Hija del Mar.

Los manteños crearon la Ruta de la Hija del Mar miles de años antes que la ruta marítima de la seda china.

La manteños recorrían la Ruta de la Hija del Mar sin brújula, sin esclavos creando la primera empresa familiar de América; creando la primera marina mercante americana; creando un negocio que florecía todo el año, creando la leyenda que la concha spondylus son las lágrimas de diosa Umiña; sembrando las primeras migraciones de América e introduciendo  los primeros intercambios de información tecnológica en el continente.

En conclusión América estaba unida mil años antes de la llegada de Cristóbal Colón. La unió el mar del Pacífico, la artículo la Hija del Mar, la sostuvieron los recursos naturales de las tres américas: América del Norte, América Central y América del Sur. La hizo posible la tecnología de la balsa y la guara, y la ejecutó la valentía de los navegantes manteños, los mayores marinos de la antigüedad. 



MAPA DE LA RUTA DE LA HIJA DEL MAR