Ruth Shady y su equipo siguen escarbando en la zona arqueológica de Caral.
En la zona que hoy por hoy es un foco civilizatorio de la humanidad.
Caral es cuna de la humanidad porque se desarrolló de manera completamente autónoma y aislada, sin la influencia de otras culturas preexistentes.
A nivel mundial, en la actualidad, la comunidad científica reconoce sólo seis focos civilizatorios: Mesopotamia, Egipto, Caral, India, China y Mesoamérica.
Caral hoy le demuestra al mundo que las guerras no son un requisito indispensable para el nacimiento de una civilización.
Su descubrimiento, gracias a la arqueóloga peruana Ruth Shady y su equipo, es una cachetada con guante blanco para los teóricos belicistas como: Rober L. Carneiro, Charles Tilly, Heráclito y Thomas Hobbes. Todos ellos pensaron y afirmaron que sin guerra no hay civilización.
Caral les dijo en la cara que están equivocados, que el principio de una civilización es el intercambio comercial con relación, reciprocidad, complementariedad y correspondencia.
Caral le dice al mundo que se puede vivir sin armas, sin murallas, sin guerra durante 1000 años cuando nada se impone y todo se relaciona.
Pero esto no quiere decir que Caral fuera el paraíso en medio del mundo antiguo.
Los caralinos también tenían sus ambiciones propias de la naturaleza humana, también cometían errores, también delinquían y el sistema de Caral corregía no con fuerza, no con cárceles, ni cámaras de castigo, no hay iconografías de decapitaciones; no con muerte en la plaza pública.
Caral castigaba de acuerdo a su filosofía del sentido común.
Según, Ruth Shady los castigos podían ser:
1. No castigo retributivo. Castigo reparativo:
En los Ándes la justicia no es "me la debes te pego, te golpeo". Es me debes, me lo repones".
Es el principio Ranti-Ranti, en quechua. Es decir que el castigo no debe romper el equilibrio, ni la armonía, ni la correspondencia. Se castiga manteniendo la red del tejido social.
Por ejemplo, si un pescador de Áspero o un agricultor de Caral alteraba la medida de la anchoveta o el algodón, lo ponían a pescar más, a sembrar más, hasta que reparara el daño. La falta se cobraba con más trabajo para la comunidad, no con menos.
2.La vergüenza pública y el destierro:
En la actualidad en las comunidades andinas se siguen practicando como una herencia del pasado
En Caral el reincidente, el que robaba, mentía, mataba y rompía con el tejido social era duramente castigado con la vergüenza pública y el destierro o la muerte psicológica, social y familiar.
Este es el castigo más duro que aplicaba Caral, una sociedad sin cárceles, ni murallas.
El desterrado estaba fuera del intercambio, quedaba sin oficio, sin hogar, sin tierras, sin familia, sin comunidad, sin comida, sin pescado, sin algodón. Tenía que sobrevivir solo sin amigos, sin casa, sin fuego que no se apaga, etc. Estaba condenado a morir de hambre y de sed.
Como diría Robert de Niro estaba fuera del círculo de la confianza. Y la influencia de Caral llegaba a la sierra, la selva peruana y hasta el Ecuador y Bolivia.
Ser desterrado era estar fuera de la red que pesca y del algodón que se teje, es decir fuera del tejido social de Caral.
Caral a diferencia de Europa que creó la cárcel, de Asia que inventó el castigo ejemplar; instituyó la reparación del daño.
Caral resolvía el conflicto sin crear otro conflicto, por eso duró 1000 años sin guerra.
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