Esa es la pregunta que todos los arqueólogos se hacen.
Porque Caral rompe todo lo que nos enseñaron de cómo se gobierna.
Para los griegos existían 4 clases de gobiernos:
1. Democracia. El poder del pueblo. El pueblo elige a sus gobernantes.
2. Oligarquía: El gobierno de unos pocos. El poder estaba en manos de unos cuantos ricos.
3. Aristocracia: el gobierno de los mejores.
4. Tiranía: El poder absoluto estaba en manos de una persona.
Pero Caral rompe este esquema. No se gobernaba como nos gobiernan hoy, ni como lo decían los griegos. No había lo que en Perú conocimos con Velasco mandando desde Lima, Morales Bermúdez con tanques, ni Belaúnde, ni Alan García, etc., con sus partidos. En Caral no hay ésto: No hay palacio.
En todas las civilizaciones con gobierno vertical, el jefe vive aparte en una casa gigante. En Caral las casas de los que sabían más son un poquito más grandes, pero están al lado de las demás, no arriba. No hay trono. No hay silla del Inca, no hay asiento del rey. No hay cárcel, no hay cuartel.
Entonces, ¿cómo carajo se gobernaba a 3.000 personas por 1.000 años sin que se maten?
Ruth Shady, que es la que más sabe, dice que era un gobierno corporativo y teocrático, pero no de imposición, de prestigio.
Te lo traduzco a nuestro idioma de caminante:
1. Gobernaba el que sabía, no el que mandaba. Gobernaba el sabio, no el poderoso con oro y plata. (Aquí Platón hubiese estado muy contento)
No era el que tenía más armas, era el yachachiq, el que sabía cuándo sembrar por las estrellas, el que sabía curar con plantas, el que sabía cuándo iba a crecer el río Supe, el que sabía tejer la shicra que no se cae con el terremoto.
La gente le hacía caso porque sabía, no porque tenía pistola.
2. Gobernaba un consejo, no un solo hombre.
En cada barrio había un curaca, un anciano. Se juntaban en la plaza circular a decidir. No había un presidente, había una mesa. Como una asamblea de tu comunidad, de una empresa, de una institución, de una universidad.
Hablaban hasta ponerse de acuerdo. Por eso no necesitaban ejército, porque la decisión no era de uno.
3. Gobernaba la fiesta, no el miedo.
En Caral han encontrado 32 flautas de hueso de pelícano y de venado, tambores, fogones gigantes para quemar ofrendas.
El gobierno organizaba fiestas, no desfiles militares. Traía a la gente de la costa, sierra y selva a comer, a bailar, a intercambiar. Si organizas buena fiesta, la gente vuelve y te respeta. Si organizas miedo, la gente te obedece un rato y luego te tumba, como a Velasco le dio golpe de estado Morales Bermúdez.
Los arqueólogos le llaman a eso "gobierno de baja coerción y alto consenso".
Por eso Caral es políticamente horizontal. Nadie impone, todos se relacionan. El gobierno no era papá Estado que reparte y castiga. Era el abuelo sabio que convoca a la fiesta y te dice: "pa, el río va a crecer en luna llena, mejor sembramos después". Por eso duró 1.000 años. Un gobierno con tanques puede durar 50 o 100 años, pero con gente temerosa, triste, hambrienta, como Cuba. Un gobierno con prestigio y fiesta dura 1000 años.
¿Ves por qué la idea de la Feria Caral en tu barrio es gobierno?
Si tú juntas a 5 vecinos a intercambiar sin que nadie mande, ya estás gobernando como Caral.
Un gobierno basado en las necesidades, sentido común, sabiduría y prestigio. Sino como siguen al líder, al yachay.
El yachay se jugaba su prestigio: honra y honestidad. Su prestigio, su palabra valía más que todo el oro del mundo.
Y ente punto Aristóteles les da la razón cuando dice que el ser humano encuentra la felicidad a través de la práctica de la virtud. No del vicio. (Leer Ética a Nicómaco)
Caral representa un gobierno basado en las necesidades, sentido común, sabiduría y prestigio. No en decretos. Así se seguía al yachachiq. Así se sigue hoy a un líder de verdad.
Pero en el Perú de hoy un político miente y no pasa nada, sigue en el cargo. Si roba, no pasa nada, sigue con cargo. En Caral el yachachiq se jugaba el prestigio. Y el prestigio es honra y honestidad. Y en donde hay honra y honestidad la corrupción no crea raíces. Los Samurai cuando caían en desprestigio se aplicaban el seppuku, el harakiri, se suicidaban para recuperar su honor y su honra. Sin honor y honra fallaba todo, lo perdía todo.
Por ejemplo: Si el yachachiq o yachay decía: "Siembra algodón que este año el río Supe va a venir manso", y el río venía bravo y se llevaba la siembra, la gente ya no le creía la próxima luna. Perdió prestigio. Se quedó sin gente. Sin amigos que lo sostengan. Se quedaba solo y la soledad era el mismo infierno, se moría de hambre sin relación con nadie.
Otro ejemplo: Si decía: "Esta planta de la selva te cura la fiebre", y no curaba, perdía honra. Si repartía mal el pescado que traía Áspero, si se quedaba con más, lo veían como a un ladrón y mentiroso. Perdía honestidad. Por eso tenía que ser sabio de verdad y honesto de verdad. No podía mentir, porque no tenía riqueza, ni armas, ni policías, ni soldados para obligar a creerle. Su único capital era su palabra. Su honra, su palabra, su prestigio, su ejemplo.
El yachay se jugaba su prestigio, su único tesoro, su única riqueza por eso la gente lo seguía libremente. No porque era obligatorio. Lo seguía porque decía: "Este hombre no me miente. Este hombre sabe cuándo sembrar. Este hombre me curó a mi hijo. Yo lo sigo porque quiero, no porque me obliga". Ese es el gobierno que el Perú extraña. No el papá Estado que nos dice "yo te doy todo". El abuelo yachachiq que nos dice "yo no te doy nada, pero te enseño lo que sé, y si te sirve, úsalo". Como dice el refrán: No les des el pescado, enséñale a pescar. Necesidades reales, no ideologías importadas. Sentido común de cuándo crece el río, no teoría de Marx, no ideologías progresistas, ni capitalismo salvaje. Sabiduría de 5.000 años. En Caral el líder no tenía cargo, tenía prestigio. Y el prestigio no se decreta, se gana con honra y honestidad. Por eso la gente lo seguía, y lo seguía libremente.
La libertad en Caral se vivía de tres formas:
1. La libertad de ser diferente, pero no de estar solo. Y eso se infiere del hallazgo de las flautas de huesos de pelicano, cóndor, y venado. No era una flauta igual para todos. Cada quien escogía la que quería tocar. También en las redes de pesca. Unos tejían con algodón pardo, otros con algodón crema. Unos pescaban anchovetas, otros caballas, mariscos y otros sembraban achiote en la selva. No cómo hoy que nos obligan a pensar como el gobierno quiere, que nos empujan a aceptar ideologías perversas que no aportan al crecimiento humano.
Nadie te obligaba a ser igual, a pensar igual. Eso es libertad.
Caral sólo te decía se diferente, pero no te aísles, no estás solo. Eres importante para la sociedad. Relaciónate.
2. Libertad de irte: En Caral si no te gustaba como gobernaba el yachachiq de tu barrio te ibas a otro, o de plano te podías ir a la sierra o a la selva. No había fronteras y con tu shicra podías fundar otro pueblo.
Por eso no había guerras. Nadie estaba atado, cada quien escogía su propio camino. Se vencía a los apetitos irascibles y concupiscibles a través de la práctica de la virtud, como aconseja Aristóteles tres siglos antes de Cristo. O es lo que dice Santo Tomás de Aquino en su obra Suma Teológica: "Todos los actos de la virtud pertenecen a la ley natural, ya que la razón humana inclina de forma innata a obrar conforme a la virtud".
3. Libertad con responsabilidad: En Caral eras libre de sembrar o pescar lo que querías; pero, si no trabajabas no comías. No había papá Estado que te de comer, que te regalara bonos. Tú libertad venía con tu responsabilidad. Y en este punto San Pablo en su segunda carta a los Tesalonicenses capítulo 3 versículo 10 dice textualmente: "Porque cuando incluso cuando estábamos con ustedes, les dábamos esta orden: si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma". Esta orden es el principio fundamental de la Doctrina Social de la Iglesia Católica. Doctrina que afirma: el trabajo no es un castigo, dignifica al hombre. Y según San José María Escrivá de Balaguer, el trabajo es un medio de santidad en la vida ordinaria.
En Caral el trabajo era un acto de libertad para satisfacer la pirámide de sus necesidades. El caralino era libre de sembrar, pescar, tejer su shicra como quería, pero si la tejía mal su casa se caía con el temblor, con el terremoto. Si sembraba mal, no tenía cosecha, no tenía para comer. Si pescaba mal, no tenía para comer ni para el intercambio. No había papá gobierno. Tu libertad tenía consecuencias.
En Caral él que quería se podía ir, podía hacer lo que le daba la gana, pero siempre era responsable de sus acciones, de su vida. Elegía con responsabilidad porque sabía que una mala decisión lo dejaría solo o le causaría la muerte. No le echaba la culpa al gobierno, al yachay, ni a su familia, ni a los demás.
Asumía su responsabilidad y eso es vivir en libertad.
Y para poder elegir eran conscientes de los 3 problemas más importantes que afectaban a Caral:
1. El fenómeno del niño. Tal como lo vivimos en 1983 y 1998.
2. La tierra, el desierto. El salitre. La chacra que ya no produce.
3. La codicia: El ser humano por naturaleza quiere acumular, quiere mandar, imponer, abusar y ésto en Caral era mal visto, era deshonor, deshonra. Ser egoísta aislaba al caralino porque se desprestigiaba. Nadie creía en él y quedaba solo. La soledad era su peor castigo.
Porque cuando el prestigio se vuelve acumulación, ya no es prestigio es poder. El poder nos da una visión vertical de la vida, miramos las cosas y a nuestros semejantes de arriba hacia abajo, entonces el poder aísla, y aleja del principio básico de Caral: no impongo, me relaciono.
Y es en este punto donde entra el tema de la educación. No se puede actuar libremente sin educación.
En Caral no había colegios. No había pizarras, no había carpeta, no había Ministerio de Educación. Y sin embargo educaron a 3.000 personas para vivir 1.000 años sin matarse. Algo hicieron bien que nosotros hemos olvidado:
1. No se aprendía con la cabeza, se aprendía con las manos.
Un niño no iba a que le dicten cómo se teje una shicra. Su mamá le daba fibras de huarango y le decía "mira". Y él miraba. Y si tejía mal, se le deshacía y volvía a tejer. Hasta que le salía. No había examen escrito. El examen era: ¿se cayó tu muro con el temblor o no se cayó? Si se cayó, no aprendiste. Si no se cayó, aprendiste.
2. No había profesor, había yachachiq, que quiere decir "el que hace que otros aprendan". El yachachiq no era el que más sabía. Era el que más prestigio tenía porque su casa no se caía, su chacra daba más algodón, su flauta sonaba más bonito. Los niños se le pegaban. No porque los obligaban, sino porque querían ser como él. "Yo quiero tejer como Don Lucho". "Yo quiero pescar como Don Efraín". Era educación por admiración, no por obligación. Hoy es al revés: te obligan a admirar a un profesor que a veces ni sabe. Pero cuando un profesor enseña bien, como Fenco, mi profesor de Historia de la secundaria uno nunca lo olvida. O como la Dra. Aspillaga de Antropología Filosófica en la Universidad de Piura, uno nunca los olvida, siempre están a nuestro lado en nuestra mente y corazón.
3. Se aprendía cantando, no leyendo. Caral no tenía escritura. Entonces ¿cómo se acordaban de cuándo sembrar, ¿cuándo el río crece? ¿cuándo viene la anchoveta? Con música. Con flautas de hueso de cóndor, con tambores de piel de venado. Las 32 flautas que encontró Ruth Shady en Caral no eran para fiesta. Eran su biblioteca. Cada melodía era una lección: esta melodía es para cuando el Sol entra por la puerta del templo, ahí hay que sembrar. Esta otra es para cuando la luna está así, ahí hay que tejer.
4. Todos educaban a todos. En Caral no había "este es de inicial, este es de primaria". El niño de 5 años cargaba piedritas para la shicra. El de 11 ya tejía una pequeña. El de 15 ya ayudaba a levantar el muro. La abuela le enseñaba a teñir con achiote al niño, el abuelo le enseñaba al niño a mirar las estrellas para saber cuándo viene el Niño. La educación no estaba encerrada en un edificio de 8 a 2. Estaba en la chacra, en la playa, en el templo, todo el día. Por eso su educación sí servía. Porque no te enseñaban cosas que no ibas a usar.
En Caral no te enseñaban teorías, te enseñaban viviendo. Tal como lo dijo en el siglo XIX, el filósofo, psicólogo y educador estadounidense, John Dewey: "learning by doing" o en español: aprender haciendo.
En Caral no había título, había prestigio. No había cuaderno, había flauta. No había colegio, había un pueblo entero educando. Y eso mismo dice un antiguo proverbio africano: "Para criar un niño hace falta una tribu entera".
Esta es la base de la filosofía y de la pedagogía de Caral:
No impongo, relaciono.
Fuentes bibliográficas:
Shady Solís, Ruth. La Ciudad Sagrada de Caral-Supe en los albores de la civilización en el Perú. Proyecto Especial Arqueológico Caral-Supe / INC, Lima, 2006.
Shady Solís, Ruth; Leyva, Carlos. La Ciudad Sagrada de Caral: símbolo cultural del Perú. 2003.
Shady Solís, Ruth. "Caral-Supe y la costa norcentral del Perú: La cuna de la civilización en las Américas".
En Historia de la Cultura Peruana, Tomo I. Fondo Editorial del Congreso del Perú.2. Sobre cómo se gobernaban sin rey, sin guerra: Shady, Ruth; Kleihege, Christopher. "Caral, la primera civilización de América".
Revista de Arqueología Americana. Este es el artículo donde explica el gobierno corporativo. Haas, Jonathan; Creamer, Winifred; Ruiz, Alvaro. "Dating the Late Archaic occupation of the Norte Chico region in Peru".Nature, 2004. Estos son los gringos que confirmaron con carbono 14 que Caral es más antigua que Egipto y que no hay huellas de guerra.
3. Sobre la economía del trueque. Feria Caral: Engel, Frédéric.
De las begonias al maíz. Centro de Investigaciones de Zonas Áridas, 1987. Sobre el algodón y el intercambio costa-sierra-selva. Shady Solís, Ruth. "La sustenibilidad del desarrollo y la civilización Caral".
En Caral, la civilización más antigua de América. PEACS, 2014. Ahí habla de la anchoveta, el algodón y el spondylus.
4. Sandweiss, Daniel H. et al. "Archaeological climate proxies and the complexities of El Niño". Journal of Archaeology. Habla del Niño que tumbó Caral.
Shady, Ruth. "Los orígenes de la civilización y la formación del Estado en el Perú: La Ciudad Sagrada de Caral-Supe".
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