Garabatos de un caminante

Garabatos de un caminante
Apizaco, Tlaxacala, México

miércoles, 26 de agosto de 2020

NOS han MENTIDO: Japón NO ES lo que parece. Conoce impactantes datos QUE...

Desde que era estudiante de secundaria nos hablaban del "milagro japonés"
y nos hacían sentir que los peruanos y en general los latinoamericanos éramos flojos
y por eso nuestros países eran naciones subdesarrolladas.
Con el paso del tiempo hoy sabemos que esto no es así.
El milagro japonés dependió mucho de su relación con Estados Unidos. Los gringos después de
la segunda guerra mundial no querían que el comunismo de Mao se extienda por toda Asia y
vieron en Japón un aliado estratégico para frenar el avance de los maoistas.
Así que los gringos, que piensan no sólo a corto plazo, se vieron obligados a sacar a Japón de la
pobreza provocada por la Segunda Guerra Mundial y convertirlo en una potencia, no sólo económica, sino también militar.
Sin embargo no se puede negar que pese a la derrota, Japón seguía siendo un país rico en tradiciones, moral y disciplina. Esas cualidades niponas
más el dinero gringo convirtieron a Japón en una potencia, que se viene derrumbando desde finales del siglo XX.
No es que me alegre, sino que esto demuestra que es difícil que nuestra amada América Latina
salga de la pobreza mientras los países desarrollados nos vean sólo como productores de materia prima,
como países ricos en recursos naturales.
Siempre me pregunto: ¿Qué pasaría si América Latina, de México hasta la patagonia fueran países desarrollados?
¿Qué pasaría si nosotros los latinoamericanos tuviéramos la capacidad de transformar nuestra materia prima en productos
con alto valor agregado? ¿Qué pasaría si en vez de vender nuestros recursos naturales fuéramos capaces de transformarlos en
coches, aviones, teléfonos, medicinas, etc? ¿Qué nos podrían vender los gringos, los europeos y hasta los chinos?
En conclusión pienso que los latinos no somos flojos, sino que nos dejan crecer porque es el gringo, es el europeo, es el chino
quien necesita de nuestros recursos naturales para mantener trabajando sus industrias.
El "milagro japonés" no fue un milagro fue algo necesario para detener el avance del comunismo en Asia
—El "milagro japonés" incluye el reconocimiento tácito de Japón como potencia económica, donde se vislumbra
una intensificación de la interdependencia entre ese país y Estados Unidos. Los indicativos plantean el establecimiento
de un bloque comercial en el Asia oriental, liderado económicamente por la potencia nipona". "The international political economy", p. 150
 

LA ESCUELA DE MI COLONIA ESTÁ HUÉRFANA DE ALEGRÍA


El lunes empezaron las clases en toda la República Mexicana y me da mucha tristeza ver las escuelas de mi colonia vacías.
Ya las mamás y sus hijos e hijas no pasan corriendo por mi casa.
Ya no se escuchan los gritos de las madres de familia apurando a sus hijos para no llegar tarde.
Ya no se oyen los gritos de los niños que se olvidaron la tarea y van llorando para no entrar a la escuela.
Ya no se escuchan los gritos de los niños que a última hora necesitan algo y en el último minuto se amontonan en la papelería, que está frente a la escuela.
Ya los carros no se estacionan frente a mi edificio, ni se forman en doble fila, ni zigzaguean para no chocarse con el mototaxista imprudente, ni con el ciclista distraído, ni con las madres que se paran en medio de la calle para compartir el chisme catártico.
Ya no está la güera de los desayunos, ni la vecina de la cooperativa escolar, ni la señora que vende ropa en abonos, ni el señor que vende rompecabezas y libros para niños, ni la dama de los helados, ni el el don de las paletas, ya no hay nadie, la calle está vacía.
Ya no están ni las maestras, ni los maestros, ni la directora, ni la señora de la puerta que a las 8 de la mañana en punto cerraba el zaguán verde del plantel.
La escuela está sola. Solo muros y concreto; ya no hay niños, ni niñas que corran por el patio a la hora del recreo. El colegio está frío, huérfano de algarabía, desamparado de alegría.
La escuela llora y en silencio nos dice que vivimos en otra realidad,
que hemos viajado a otro mundo, a otro planeta donde abunda la tristeza, la soledad, la incertidumbre y el distanciamiento social.

 

sábado, 22 de agosto de 2020

DE SKIPPY EL CANGURO A LA ENSEÑANZA POR LA TELE Y LA RED

A partir de este lunes 24 de agosto 25.4 millones de estudiantes regresan a clases en medio de la pandemia de Covid 19 que ya ha matado a 60 mil mexicanos.

En esta oportunidad los millones de estudiantes no asistirán a sus respectivas escuelas, sino que recibirán sus clases a través de la televisión abierta y de la red.  

Y ante esta situación tan extraordinaria, me lleno de recuerdos y, en particular, me acuerdo de una serie australiana que no me la perdía por nada en el mundo: Skippy el canguro.

Era una serie que veía en blanco y negro allá por los años 70 y se trataba de un niño que tenía por mascota a un canguro llamado Skippy. 

Como en toda serie anglosajona, la mascota era muy lista y le ayudaba al niño a solucionar los problemas que le causaban sus diferentes aventuras. Así Skippy era como el rin tin tin del cabo Rusty. 

La aventuras de Rin tin tin, un hermoso pastor alemán, estaba situada en el viejo oeste y  era otra serie en blanco y negro que me gustaban mucho. 

Pero volviendo a Skippy, una de las cosas que más llamaban mi atención era la forma en que el pequeño Sonny Hammond recibía sus clases escolares muy lejos de Camberra, la capital de Australia.

Sonny dejaba de jugar con su canguro y acudía a su casa en el Parque Nacional de Waratah para recibir sus lecciones a través de la radio de su padre, el jefe de los guardabosques, Matt Hammond.

A mí me llamaba la atención que sus clases escolares las recibiera a través de un  radio comunicador, porque, por esos días,  tendría unos 10 años o menos y como cualquier niño iba a la escuela primaria, donde la maestra de turno nos daba las clases en vivo y uno gozaba de la compañía de sus amigos sobretodo a la hora del recreo.

Me llamaba la atención como Sonny podía estudiar lo que el maestro le enseñaba a través de la radio de onda corta,  si para mí no era tan fácil entenderle a la maestra que nos enseñaba matemáticas, español y todas las materias y si uno fallaba nos  jalaban las orejas o nos jalaban de las patillas o nos daban un reglazo en la palma de las manos.

Yo pensaba que Sonny tenía mucha suerte de tener un maestro a la distancia, que no lo castigaba, ni lo regañaba, ni le gritaba y mucho menos le pegaba, ni le rompía un tuvo de PVC en la cabeza como un día me pasó cuando estaba en tercero de primaria. 

Y hoy con el paso de los años,veo que las clases a distancia, no presenciales se hacen una realidad. Una realidad no por el deseo del Estado, sino más bien por la urgencia de cuidar a la población escolar para que no se contagie de este virus SARS-CoV.-2, que a nivel mundial ya se llevó al panteón a más de 800 mil personas. 

Sólo espero que esta nueva realidad sea una oportunidad para que padres e hijos compartan su tiempo con el único fin de fomentar los lazos familiares, el amor entre padres e hijos y disminuyan las estadísticas de la violencia intrafamiliar, que tanto daño está haciendo a nuestra sociedad. 

Recuerden que la primera escuela es el hogar y espero que este dicho se convierta en una verdadera realidad. Los hijos aprenden con el ejemplo no con gritos, no con golpes, ni con jalones de patillas u orejas, ni rompiendo tubos de PVC en la cabeza. 

No olviden que esta nueva realidad es un reto a nuestra creatividad.