Garabatos de un caminante

Garabatos de un caminante
Apizaco, Tlaxacala, México

viernes, 16 de enero de 2026

EL CUAQUITO: GUARDIÁN DEL AGUA.

 




                   COMO UN TIERNO "NIÑO" CUIDA LAS AGUAS DE LA SIERRA MIXTECA


               PERO CUANDO PERSONAS SIN ESCRÚPULOS CONTAMINAN SUS AGUAS, 
                                   LAS ESPANTA COMIÉNDOSE SUS ALMAS.

Hace 36 años llegué por primera vez a la sierra mixteca de Oaxaca. 
Don Pánfilo me recibió en su humilde jacal en el pueblo de Santa María de Apazco, Nochixtlán, en la mixteca alta, donde las nubes se ven tan bajas que uno cree que las puede tocar.
Como todo campesino amable y hospitalario lo primero que hizo es enseñarme las costumbres de su pueblo. Aprendí a caminar por las veredas sin pisar la milpa y las siembras de trigo y frijol, alimentos básicos en su dieta diaria.
Aprendí a montar burro, a ventear el trigo, a darle de comer a los borregos, etc.; pero sobre todo me enseñó a respetar el agua.
Me llevó hasta un enorme árbol de tule donde se había formado un ojo de agua. Allí nacía el liquido elemento que calmaba la sed del pueblo. Luego me llevó hasta un riachuelo donde las mujeres lavaban la ropa y por último a un pequeño río con  muchas rocas que servían de trampolín y allí uno podía nadar y divertirse como chavo.
Cuando le pregunté por qué no podían nadar en el ojo de agua, o beber del agua donde lavaban la ropa o beber del agua donde se bañaban. 
Claro yo con mi mentalidad citadina no entendía. Más aún cuando recordé el pensamiento griego: Uno no se baña dos veces en la misma agua. Así que pregunté: -¿Qué tiene de malo si me meto a nadar en el ojo de agua del tule si parece una alberca y los rayos del sol la entibian? (El ojo de agua se veía tan tentador para un extranjero como yo nacido en la costa norte del Perú)
Entonces me miró fijamente a los ojos y respondió: -Los ñaato (los de la ciudad) no entienden. Son nuestras costumbres. Así los antiguos les enseñaron a mis ancestros, mis ancestros a mis abuelos y mis abuelos a mis padres y ahora yo les enseño lo mismo a mis hijos y mis hijos se lo enseñarán a mis nietos-.
Entonces, como periodista, volví a la carga: - Creo que están exagerando. Yo creo que no pasa nada si uno disfruta de este maravilloso ojo de agua-.
Tras un breve silencio y como un hombre sabio sin alterarse me contestó: - Ves los cerros, el campo, el cielo y el agua. Respondí: -Sí, todo es muy hermoso-.  
Como un maestro a su alumno, agregó: -Aquí todo está protegido por los espíritus de la naturaleza. Y el agua de nuestro pueblo está protegida por el Cuaquito. 
El cuaquito es el guardián del agua de nuestro pueblo. Parece un ser travieso y juguetón como un yiqui (niño); pero, cuando la gente no respeta el agua de nuestro pueblo se presenta como un tata furioso y se apodera del alma de los dalaqui (malvados, hijos del mal, hijos del diablo)-.





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